11 DE SEPTIEMBRE: A 50 años del golpe genocida,

PROPUESTA DE LUCHA AL PUEBLO DE CHILE. La expresión más pública de los poderes fácticos de los empresarios super ricos, más conocidos como burgueses, son sus operadores que se enmascaran en los partidos políticos del sistema.

 ¡VAMOS A CAMBIAR CHILE DESDE ABAJO! 

PROPUESTA DE LUCHA AL PUEBLO DE CHILE. La expresión más pública de los poderes fácticos de los empresarios super ricos, más conocidos como burgueses, son sus operadores que se enmascaran en los partidos políticos del sistema.

Es muy cierto que tienen otros instrumentos, como la prensa a través de la cual generan el consenso sobre las “bondades del sistema”. También tienen a los cuerpos armados del estado y a las policías, que actúan para presionar a la ciudadanía con volver a usar la fuerza militar, como lo vienen haciendo desde el 2019… desde siempre, desde aquel trágico 11 de septiembre de 1973.

No menos importante es todo el andamiaje jurídico-político a su servicio, cada día más represivo, que llaman continuamente a “respetar”. Este es el fundamento para actuar en contra de las clases trabajadoras.

Pero los partidos políticos del sistema son los operadores y posibilitadores de todos los demás instrumentos y mecanismos. Por tanto, son vitales para sostener la política económica, mediante la cual garantizan la ganancia y la acumulación de los empresarios, así como la explotación y miseria de las clases trabajadoras.

De allí que, para el sistema de explotación capitalista en Chile es vital relegitimar sus más preciados operadores: los partidos políticos del sistema.

¿Cuáles son esos partidos que sostienen el actual sistema de violencia y explotación que sufrimos las clases trabajadoras?

Todos los partidos que hacen vida tanto en la llamada derecha como en la “izquierda” institucional, incluyendo sus variantes de falsa izquierda instaladas en el parlamento y que también hacen vida en muchas organizaciones sindicales y de masas, sirviendo como contenedores de los reclamos y de la protesta social.

Por esa importancia vital para los empresarios de salvar sus operadores más valiosos, es que se recurrió a ellos el 15 de noviembre de 2019 para firmar un pacto convocando a una Convención Constituyente, que simulara recoger las demandas de la Rebelión Popular y mediante este mecanismo ya amañado, cambiar todo para que no cambie nada.

Tal Convención en cualquiera de sus dos versiones, le entregaba el poder de decisión a los partidos políticos para redactar una nueva constitución bajo “sus reglas”, sin considerar a la ciudadanía que, sin otra posibilidad, tendría que recurrir una vez más, a los operadores de los grupos económicos de la burguesía para conseguir pequeños cambios. Así funciona esta curiosa “democracia” que en 2023 quiere imponernos una constitución aún más dictatorial que la actual, y controlada por la extrema derecha, por Kast y sus Republicanos aliados a todo el sistema.

Tanto el gobierno de Sebastián Piñera como el gobierno Boric, sumidos en la crisis política, económica y social de su propia incapacidad, no hicieron otra cosa que reforzar el arsenal jurídico-represivo. 

Esos testaferros de la Dictadura han puesto todas las cartas en el traspaso de cuantiosos recursos a los empresarios de los grupos económicos principales, forzar el trabajo presencial aún a riesgo de la vida y oponerse con todas sus fuerzas a cualquier cambio menor dentro del sistema.

Asustados los empresarios burgueses ante la protesta popular, elaboraron un muy bien urdido juego que ya dominan de memoria y que lo siguen aplicando.

Dieron en los hechos por terminado el gobierno de Piñera y alentaron la disidencia dentro de la propia derecha, haciendo frente común con sus otros socios de la oposición y de la ex Nueva Mayoría, para respaldar el retiro del 10% de los fondos de las AFP y ganarse ciertas simpatías de las masas, de cara a la Convención Constituyente y a las futuras elecciones a presidente. 

Pero fracasaron miserablemente. Y todo indica que volverán a fracasar en diciembre también. Los trabajadores y los pueblos están hartos.

Con Boric, están intentando hacer lo mismo que hicieron con el trágico gobierno de Piñera, mantener la esencia del sistema una vez finalizado.

El escenario es de crisis generalizada. Se desata cada vez más el desempleo y los empleos informales. 

Los capitalistas nunca sacrificarán sus ganancias y tratan, por todos los medios, de hacer recaer el peso de la crisis en la clase trabajadora. Los reclamos, movilizaciones y  las protestas  sociales han estado subiendo de tono en los últimos meses. Aunque aún sean pequeños, es la sumatoria de los descontentos pequeños que da lugar a grandes revueltas sociales.

En ese escenario, el gobierno está en las sombras de los empresarios y burgueses, que necesitan un gobierno de apariencia popular pero que contenga a las masas, bajo el argumento que “todos debemos hacer sacrificios por el bien de Chile”.

Los trabajadores y los pueblos de Chile entrarán en acción

Hasta aquí dejaremos la mirada a las maniobras de los empresarios y sus operadores políticos. Porque hay un factor que hasta este momento no hemos revisado.

Este factor está compuesto por millones de mujeres y hombres, trabajadores, estudiantes, pobladores, movimientos sociales, pueblos originarios, campesinos, cultores populares, minorías, pequeños comerciantes, artesanos, empleados y técnicos, profesionales, trabajadores por cuenta propia, dueñas de casa, cesantes y una inmensa masa de jóvenes a los cuales se les ha cercenado el futuro. Este factor se llama clases trabajadoras y pueblo en general.

Las clases trabajadoras y el pueblo en general, somos los que irrumpimos el 18 de octubre de 2019, generando una descomunal rebelión de masas que enfrentó al aparato policial y militar e hizo remecer los cimientos del sistema capitalista en Chile, uno de los países más estables de América Latina desde la genocida Dictadura Militar.

Nuestras reivindicaciones las podemos ubicar en el plano democrático y de cambios urgentes al sistema económico, que nos aplastó con particular saña los últimos más de 30 años. Nos batimos durante meses en las calles bañándolas generosamente con nuestro sudor y la sangre de nuestras y nuestros mártires.

Estas mismas clases trabajadoras que habitamos los cordones de miseria y marginación de las ciudades nos hemos fortalecido en los territorios, hemos desarrollado el ingenio y la organización. Con audacia y heroísmo, no hemos dejado apagar la llama de la Rebelión y, a pesar de la feroz represión, la crisis del régimen se ha agudizado, arrebatándole limitados pero importantes logros y reivindicaciones.

Todos estos sectores diversos, heterogéneos, combinados, múltiples y complementarios, necesitamos dotarnos de una direccionalidad desde la base, dejando atrás viejas prácticas burocráticas del pasado, apostando al surgimiento de liderazgos naturales, pero también colectivos y revocables por la propia base, que apunten en contra del sistema.

En suma, podríamos hablar, en perspectiva, de una embrionaria práctica de Poder Popular, con nuevas adquisiciones como el movimiento popular, con sindicatos fuera de la tutela de las centrales burocratizadas y levantando con fuerza el legítimo derecho a la autodefensa frente a la criminal represión.

Es cierto que aún todas estas situaciones están madurando y que el desarrollo de estas experiencias aún contiene debilidades, contradicciones y tentaciones de volver a lo viejo ya conocido. Pero sin duda alguna, desde el pueblo pobre y trabajador, Chile ha cambiado para siempre porque nada hará que la experiencia acumulada se borre de la noche a la mañana y se vuelva al 18 de octubre de 2019.

Es por este motivo, entre otros miles, que las clases trabajadoras debemos retomar la ofensiva, dejar atrás el reflujo que trajo la pandemia y aunar esfuerzos, en el fortalecimiento de la organización territorial y zonal, con una fuerte coordinación que tienda a lo nacional, pero sin caer en la tentación de hacer como tantas veces una superestructura de siglas como un cascarón vacío de política y de masas. Debemos rechazar con todas nuestras fuerzas aquellas viejas prácticas que nos legó un reformismo fracasado, y que muchas veces nos condujo a la derrota.

Vamos a cambiar Chile desde abajo

De cara a los futuros escenarios y con toda la responsabilidad de entender el momento histórico que vivimos, hemos venido como organización de lucha a proponer a las clases trabajadoras, al conjunto del pueblo y a sus organizaciones políticas y sociales, al hermano pueblo Mapuche, a las mujeres, a los jubilados, a la juventud, a los campesinos, a los sindicatos que aún se mantienen fieles al servicio de los trabajadores, a los empleados y técnicos, a los profesionales honestos que ven cerrarse su futuro, a la sexo diversidad, a los cultores populares, a los artistas, a los heroicos pobladores que resisten el hambre y la represión, a la prensa honesta e independiente y a sus colaboradores, a los estudiantes, a los que patean piedras y piedras en las calles y en definitiva a todo Chile desde Arica a Punta Arenas,  a realizar el esfuerzo de la unidad en la diversidad.

¡Todos juntos repudiemos el golpe genocida de 1973!

¡Juntos derrotemos este sistema testaferro de la Dictadura en diciembre!

¡Y Juntos preparémonos para avanzar por el poder popular, del pueblo y para el pueblo!

Se trata, hermanas y hermanos, de un momento de inflexión en la lucha desarrollada hasta ahora, que debe reunir el concurso de millones y millones de trabajadores y explotados para golpear todos juntos al cruel sistema opresor.

¡VAMOS A CAMBIAR CHILE DESDE ABAJO!