49 años de tu asesinato: El MIR de Miguel Enriquez

A los 49 años del asesinato de Miguel Enriquez (5.10.1974), el principal dirigente del MIR mas que un recuento de la historia, un repase de la línea política al hoy.

La izquierda revolucionaria en el contexto político de la década de 1960

Después de la Segunda Guerra Mundial, se desató un enfrentamiento global entre el bloque capitalista liderado por los Estados Unidos y el bloque encabezado por la Unión Soviética, conocido como la Guerra Fría, que abarcó aspectos económicos, sociales, políticos e ideológicos. 

Aunque generó conflictos político-militares, éstos se limitaron principalmente a regiones como el Medio Oriente, Corea, el Sudeste Asiático y el Norte de África, sin desencadenar un conflicto directo entre las dos superpotencias.

Este período posguerra produjo cambios profundos en la política global debido a las revoluciones anti-imperialistas en África, Asia y América Latina, influyendo en el surgimiento de una nueva “izquierda revolucionaria”, en un contexto en que los partidos comunistas controlados por Moscú se habían adaptado integralmente al parlamentarismo burgués, principalmente después del XX Congreso del PCUS (Partido Comunista de la Unión Soviética), que sucedió en 1955. 

Estos movimientos de liberación nacional promovieron un programa revolucionario basado en la lucha en contra del capitalismo y el imperialismo, adoptando la sublevación armada como un modelo de acción política en países donde el capitalismo aún no había madurado por completo, bajo la influencia de las revoluciones China, vietnamita y, en el caso de América Latina, de la Revolución Cubana. 

Esta política desafiaba las teorías del marxismo que enfocaban las revoluciones en los países capitalistas avanzados, que fueron controladas, con mucho esfuerzo, por el imperialismo norteamericano en las décadas de 1940 y 1950, fundamentalmente en los lugares donde la toma del poder por revoluciones de trabajadores estuvo muy próxima, como Francia, Italia y Grecia.

La Revolución Cubana, que comenzó en 1959 con la toma del poder por el Movimiento 26 de Julio, al frente de un gigantesco movimiento de masas, y el intento de construir el socialismo en la década de 1960, representó un desafío teórico y político para la izquierda a nivel global.

En América Latina, los años de 1960 vieron un aumento en los conflictos sociales que visibilizaron nuevos actores político-sociales, como los movimientos campesinos, indígenas, de pobladores y estudiantiles, mientras el movimiento obrero era en general controlado por los partidos comunistas y otros partidos obreros oportunistas, como el Partido Socialista en el caso de Chile.

Sin embargo, el ascenso obrero fue una constante en varios países importantes, como Brasil a partir del inicio de la década de 1960, Argentina con el Cordobazo en 1969 o Bolivia, con la gran revolución minera de 1952, cuando el estado burgués fue liquidado.

En general, el contexto político aparentemente desafiaba la visión predominante del marxismo que centraba en el proletariado la clase revolucionaria, ya que en países de capitalismo periférico, como América Latina, el campesinado y los indígenas jugaron un papel muy importante en las revoluciones de México (1917) y Cuba (1959).

En Chile, durante este período, tres elementos clave transformaron el panorama político y social. 

En primer lugar, la migración campo-ciudad, iniciada en la década de 1940, concentró a los grupos populares en las periferias urbanas, creando un nuevo actor social: el poblador. 

En segundo lugar, la industrialización impulsó un movimiento obrero politizado. 

Por último, el reagrupamiento y radicalización de la izquierda condujo a la formación de la Central Única de Trabajadores (CUT) en 1953 y del Frente de Acción Popular (FRAP) en 1956, ambos enfocados en la conquista del poder.

No obstante, la brecha entre las organizaciones reformistas y la nueva izquierda revolucionaria que se estaba formando se profundizó tras la derrota electoral de la izquierda en 1964. 

Los sectores más radicales argumentaron que las estrategias electorales eran insuficientes y buscaron formar la vanguardia de la revolución chilena, fundando el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) el 15 de agosto de 1965.

Una análisis semejante de la situación actual es una de las tareas más importante a ser realizada por los revolucionarios chilenos y latinoamericanos, para transformarla en políticas que ayuden a avanzar la lucha en nuestra región, principalmente contemplando las enseñanzas de las grandes revueltas populares que han acontecido desde el 2019.

La estructuración del MIR entre 1965 e 1967

El Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), en su Declaración de Principios redactada en septiembre de 1965, estableció los fundamentos teóricos y políticos que guiaron su acción. 

El MIR se veía a sí mismo como la vanguardia marxista-leninista de la clase obrera y las capas oprimidas de Chile, y se consideraba heredero de las tradiciones revolucionarias chilenas. Su objetivo principal era derrocar el sistema capitalista y reemplazarlo por un gobierno de obreros y campesinos, dirigido por los órganos del poder proletario, con la meta de construir el socialismo y extinguir gradualmente el Estado hasta llegar a una sociedad sin clases.

El MIR reconocía la existencia de la lucha de clases y se comprometía a combatir a los explotadores de manera intransigente, rechazando cualquier intento de suavizar esa lucha. Sostenía que el siglo XX era la etapa de la agonía definitiva del sistema capitalista y que la lucha revolucionaria tenía un carácter global, como se evidenciaba en los triunfos de la revolución en países de capitalismo atrasado como China, Argelia y Vietnam del Norte.

Para el MIR, la burguesía chilena había demostrado su incapacidad para abordar las tareas democrático-burguesas, como la liberación nacional y la reforma agraria. Esto llevó a la conclusión de que no existía una burguesía progresista en Chile, lo que condujo al rechazo de la teoría de la revolución por etapas y la política de colaboración de clases, defendida por la izquierda tradicional chilena desde la década de 1930, principalmente por el Partido Comunista de Chile.

El MIR también criticó las tácticas políticas de la vieja izquierda, como la lucha por reformar el sistema capitalista, el enfoque electoralista y la renuncia a la acción directa y la vía pacífica hacia el socialismo

Para el MIR, la única forma de derrocar el régimen capitalista era a través de la insurrección popular armada, introduciendo así las formas armadas de lucha como estrategia contra el Estado y las clases dominantes.

La influencia de las revoluciones china y vietnamita, con la guerra popular prolongada, y la Revolución Cubana, con el TOM (teatro de operación políticos militares) del Che, fueron determinantes en la formación política del MIR.

En términos programáticos, el MIR planteó la nacionalización de empresas transnacionales en Chile, particularmente en la explotación de recursos mineros como el cobre, el hierro y el salitre. También abogó por romper los lazos con la política exterior de Estados Unidos, desconocer la deuda externa y establecer relaciones diplomáticas con países del llamado campo socialista.

La revolución agraria fue otra prioridad del MIR, dado que gran parte de la población chilena vivía en zonas rurales y dependía de la agricultura. Esto implicaba expropiar las tierras en manos de latifundistas y otorgar un papel central a los campesinos y trabajadores agrícolas en este proceso.

Es una necesidad del presente actualizar la evaluación de la situación en el campo, considerando el desarrollo del llamado agrobusiness, de las mineras y de las forestales.

En los primeros años de su existencia, el MIR se centró en el trabajo sindical y estudiantil, posponiendo la opción por la lucha armada que se había propuesto inicialmente. Sin embargo, el desarrollo de la organización fue lento, y las divisiones internas obstaculizaron su crecimiento y su capacidad para influir en la política de la época.

El ascenso de la lucha revolucionaria en Chile a partir de 1967

En el II Congreso del MIR, que se llevó a cabo en diciembre de 1967 en Santiago, el sector más castro-guevarista, liderado por figuras como Miguel Enríquez, Bautista Van Schowen, Luciano Cruz y Andrés Pascal (sobrino de Salvador Allende), logró un significativo triunfo político al obtener la mayoría en el Comité Central con 10 de los 15 cargos disponibles. Además, controlaron los cinco cargos del Secretariado Nacional y Miguel Enríquez asumió el cargo de Secretario General del Partido.

Este evento político se desarrolló en un contexto marcado por eventos de relevancia tanto internacional como nacional. 

En octubre de 1967, el comandante Ernesto “Che” Guevara fue asesinado en Bolivia, lo que generó un debate sobre la estrategia “foquista” que había predominado en la izquierda revolucionaria hasta ese momento. 

Al mismo tiempo, en Chile, la propuesta de “Revolución en Libertad” del gobierno de la Democracia Cristiana, liderado por Eduardo Frei Montalva (1964-1970), impuesta por el imperialismo norteamericano como parte de la Alianza para el Progreso, comenzó a ser cuestionada tanto por las organizaciones políticas de izquierda como por el movimiento popular. 

Se inició un ciclo de crecimiento en las luchas populares a partir del paro general del 23 de noviembre de 1967.

Durante el II Congreso del MIR, que tuvo lugar poco después, se presentó y aprobó la tesis política-militar presentada por Miguel Enríquez. La esencia de esta propuesta rechazaba la vía pacífica hacia el socialismo y la revolución por etapas defendida por la izquierda tradicional. En su lugar, abogaba por la lucha armada como el único camino para eliminar la dominación “semicolonial”. Esta lucha armada se concebía como una guerra revolucionaria larga e irregular, centrada en la guerrilla rural.

Unos meses después, en el segundo semestre de 1968, Bautista Van Schowen, un dirigente del MIR, presentó un documento complementario a las tesis de diciembre de 1967. Este documento precisaba aspectos clave de la estrategia, enfatizando que la guerra revolucionaria sería principalmente política y social, con el objetivo fundamental de tomar el poder. Se destacaba que la lucha armada no se usaría como un medio de presión o autoridad sobre otras formas de lucha, sino como una forma superior y política de lucha de clases.

Estas precisiones estratégicas fortalecieron la cohesión política dentro del MIR. 

La militancia mirista, compuesta en su mayoría por jóvenes sin experiencia política previa, se dedicó a tareas de agitación y propaganda, así como a fortalecer la presencia del MIR entre estudiantes, poblaciones marginadas en las ciudades y campesinos movilizados en torno a la reforma agraria, y en los Cordones Industriales. Esto marcó el inicio de un proceso de consolidación del MIR después de su II Congreso.

En 1969, la nueva dirección del MIR expulsó a todas las expresiones de disidencia interna, incluyendo antiguos militantes trotskistas y jóvenes adherentes al foquismo, que dificultaban la aplicación de la nueva línea del II Congreso. 

Se implementó un nuevo modelo organizacional con la creación de Grupos Político-Militares (GPMs) como estructuras intermedias para movilizar a las bases y llevar a cabo operaciones armadas, principalmente recuperaciones financieras. 

Estas acciones buscaban vincular las condiciones materiales de los trabajadores con la obtención de recursos financieros y su reinversión en el fortalecimiento de la organización. En un ejemplo de estas operaciones, el MIR expropió el Banco Nacional del Trabajo, alegando que pertenecía a un clan económico que explotaba a los trabajadores.

El MIR en la década de 1970

En el contexto de Chile durante la década de 1970, el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) adoptó una estrategia política y militar que dejó una profunda huella en la historia del país. 

El MIR, liderado por figuras como Miguel Enríquez, Bautista Van Schowen, Luciano Cruz y Andrés Pascal, experimentó un período de crecimiento y desarrollo significativo durante la presidencia de Salvador Allende y la Unidad Popular 

En el plano de masas, el MIR aprovechó la agudización de la lucha(1970-1973), que representó el auge del ascenso de masas. de clases y la coyuntura electoral de 1970, para expandir su influencia entre los sectores más radicalizados del movimiento popular. 

El MIR consideró que el triunfo electoral de la Unidad Popular y la llegada al gobierno de Salvador Allende eran un punto de partida propicio para la lucha directa por el poder de los trabajadores. Para lograr este objetivo, el MIR estableció una línea de frentes intermedios, como el Frente de Trabajadores Revolucionarios (FTR), el Movimiento Universitario de Izquierda (MUI), el Frente de Estudiantes Revolucionarios (FER), el Movimiento Campesino Revolucionario (MCR) y el Movimiento de Pobladores Revolucionarios (MPR), con el propósito de organizar las demandas populares y liderar sus luchas. En este contexto, el movimiento experimentó un crecimiento cualitativo, especialmente en los sectores estudiantil, poblacional y de campesinos Mapuche.

Simultáneamente, el MIR fortaleció sus relaciones políticas con algunas organizaciones y líderes de la coalición de gobierno, en particular con el ala izquierda del Partido Socialista. 

Tras la derrota del “paro patronal de octubre” de 1972, las colaboraciones entre militantes del MIR y del PS se multiplicaron, especialmente en los “cordones industriales” de Santiago, Valparaíso y Concepción, así como en movilizaciones campesinas y en la Asamblea Popular de Concepción. Como resultado, el MIR realizó una alianza con el PS en las elecciones de marzo de 1973, respaldó sus candidaturas parlamentarias y enfatizó la importancia de la alianza social y el fortalecimiento del poder popular.

El MIR, consciente de la amenaza del imperialismo estadounidense, adoptó un programa antiimperialista, anticapitalista y socialista. Consideró que en América Latina, incluyendo Chile, existía un bloque en el poder formado por el imperialismo estadounidense y las clases dominantes locales, unidos por intereses económicos, políticos y militares comunes. Aunque reconocían contradicciones internas en este bloque, creían que predominaba el interés conjunto de mantener el sistema de dominación y explotación.

El MIR rechazó la estrategia gradualista de ocupación de espacios dentro de la institucionalidad burguesa para avanzar hacia el socialismo, como promovía la Unidad Popular. 

En su lugar, el MIR promovió la construcción de una fuerza social revolucionaria que creara una nueva situación política y, a partir de ello, una nueva legalidad. La consigna del “poder popular” adquirió un valor estratégico, como una manifestación paralela al Estado burgués, arraigada en organizaciones y fuerzas sociales autónomas del proletariado y el pueblo.

El MIR empezó a prepararse para un enfrentamiento armado de masas, que concebía como una “guerra revolucionaria irregular y prolongada”. Su estrategia incluía ganar el liderazgo del movimiento de masas, construir una institucionalidad paralela, desarrollar una fuerza militar propia y radicalizar las posiciones dentro de los partidos de la Unidad Popular.

Tras el golpe de Estado del 11 septiembre de 1973, el MIR y el movimiento de masas no tuvieron condiciones de responder debido a la brutalidad de la represión. 

El movimiento de masas, debilitado y asustado, en buena medida por la política aplicada por los sectores que controlaban el gobierno de la Unidad Popular, permaneció mayormente pasivo y no ofreció resistencia. Los sectores de vanguardia que esperaban liderazgo y armamento en áreas industriales, poblaciones y zonas rurales fueron posteriormente desalojados y reprimidos violentamente.

Tras el golpe, el MIR consideró que la estrategia del reformismo había fracasado en Chile, mientras que la estrategia revolucionaria, aunque enfrentó represión, se percibía como la única alternativa viable para retomar el proceso revolucionario.

En diciembre de 1973, el MIR reconoció que el golpe militar marcó el inicio de un período contrarrevolucionario, donde la clase dominante buscaba restaurar el sistema de dominación y aplastar el movimiento de masas. Las Fuerzas Armadas, como columna vertebral del Estado, tomaron el control y enfrentaron la crisis política y económica.

A finales de 1974, el MIR definió su política de resistencia popular como una estrategia de masas que enfatizaba la organización de comités de resistencia y la movilización de trabajadores, además de acciones de propaganda y sabotajes limitados. La persecución contra el MIR se intensificó tras el asesinato de su principal líder, Miguel Enríquez, el 5 de octubre de 1974, y continuó hasta octubre de 1975.

La brutal represión llevó a la formación de la “Base Madre Miguel Enríquez”, un grupo reducido de militantes que se centró en la reconstrucción de la organización, adaptándose a las difíciles condiciones impuestas. Esta célula se enfocó en fortalecer su aparato militar y promover la política de resistencia popular como parte de su estrategia, pero sin el núcleo que había liderado el MIR en el período anterior no estuvo a la altura de darle respuestas a los desafíos que se siguieron, no solamente en Chile sino también en el contexto mundial.