Anatomía de la Lucha de Clases en América Latina

El análisis detallado de la lucha de clases en la situación política actual, tanto a nivel regional como en relación con cada país, es un componente central para la elaboración de nuestra política de lucha y revolucionaria.

Las clases sociales en América Latina han evolucionado de manera bastante fuerte con la imposición del llamado “neoliberalismo”, a partir de las genocidas dictaduras que el imperialismo norteamericano impuso en la región en la década de 1970, principalmente en Chile, Uruguay y Argentina.

A partir de la década de 1970, la composición de la clase obrera sufrió un importante cambio con la mudanza de plantas industriales de los países imperialistas hacia China, donde el sueldo promedio de un obrero que trabajaba en las Zonas Francas era de US$ 30 mensuales.

Las industrias de las manufacturas en la región empezaron a quebrar y las importaciones baratas desde China inundaron los mercados.

Esa fue una política de crisis, a pesar de la brutal propaganda sobre la supuesta “democracia” para todos y la sociedad de consumo.

Durante la década de 1990, varias crisis importantes sacudieron todo el mundo. Las tasas de ganancias y la acumulación capitalista estaban en serios apuros.

Principalmente, a partir de los atentados a las Torres Gemelas -en septiembre de 2001- y la Guerra al Terror, la especulación financiera escaló.

El proceso, abierto en la década de 1970 con la llamada Revolución Verde, que tenía como objetivo contener la crisis mundial de 1974 y deshacerse de los enormes stocks del agente naranja, que habían sobrado de la guerra de Vietnam, hizo aumentar mucho la producción capitalista en el campo, por medio de monocultivos.

En los años 2000, ese proceso se consolidó con la producción en gran escala de materias primas para los mercados especulativos, que se transformaron en uno de los principales componentes de los derivados financieros, que hoy mueven algo así como 40 veces el PBI mundial.

¿Qué pasó con la clase obrera?

Dentro de la brutal campaña imperialista que siguió a la caída del Muro de Berlín y de la Unión Soviética, supuestamente, la clase obrera había desaparecido para siempre junto con el “comunismo”.

Era supuestamente la época de la “democracia” (en abstracto) y todos seríamos emprendedores (capitalistas).

La clase obrera industrial de los años 70 vio su número reducirse enormemente.

A partir de 2007, hubo un proceso inverso en México, donde la clase obrera industrial aumentó enormemente conforme los Estados Unidos movían plantas industriales de China, debido al aumento de los salarios.

El sector de servicios creció mucho, junto al sector de la clase obrera comercial.

Los empleos informales proliferaron. Las grandes empresas entraron con sistemas de trabajo como el Uber o el Airbnb, donde según su propaganda los trabajadores serían sus propios patrones. De hecho, son sus trabajadores.

La informalidad en las fábricas y en todas las empresas sigue la misma lógica.

Ante la propaganda de que la clase obrera no existe más, la realidad es que la clase obrera hoy es mucho mayor que hace 50 años, aunque haya cambiado su composición.

Es una clase obrera mucho más culta y concentrada. Estas afirmaciones pueden parecer raras considerando que, con la implantación de la alta tecnología, las fábricas con decenas de miles de obreros, que eran comunes en las décadas de 1970 y 1980, ahora son la excepción.

Pero, al mismo tiempo, los procesos industriales se han globalizado enormemente. La conectividad por medio de la Internet y otros mecanismos hace que todo el mundo esté, o pueda estar,  en contacto.

Hoy cualquier trabajador sabe como manejar un celular. Y las nuevas generaciones lo hacen con mucha facilidad, de la misma manera que manejan una computadora.

Comparemos ésto con la composición de la clase obrera 50 años atrás.

Los campesinos

Los campesinos son una expresión de los modos de producción anteriores al capitalismo. Sea el feudalismo en Europa o los campesinos Náhuatls (Aztecas) o Quechuas (Incas) y de otras naciones indígenas en nuestra América Latina, que trabajaron durante años de manera similar a como ocurría en Asia con el modo de producción Asiático, analizado por Karl Marx.

Con el avance de la minería y del agrobusiness, los campesinos han sido muy impactados en toda América Latina, habiendo visto reducirse su número de manera significativa.

En algunos países, siguen siendo una parte muy importante de la población, como en México, América Central, los Países Andinos y Colombia.

La reducción de los campesinos ha sido muy grande en el Cono Sur y Brasil.

Una evaluación precisa y concreta de la composición social de América Latina es fundamental para formular una política de lucha y aún más una política revolucionaria.

La consigna histórica de luchar “por un gobierno obrero y campesino” no tiene mucho sentido en los países mencionados, mientras que en los otros los campesinos siguen jugando un rol muy importante, como lo vemos en el caso actual de Perú, Ecuador o Bolivia.

El papel positivo que pueden cumplir los campesinos no significa que puedan dirigir la revolución en contra del sistema burgués. Por causa de su carácter de clase, tienden  apenas a buscar reformas del sistema y a quedarse en reivindicaciones que no atentan en contra de la propiedad privada de los medios de producción.

Las otras capas medias de la población

Con el “neoliberalismo” y el avance de la tecnología, una parte importante de la clase obrera industrial pasó a integrar el Ejército Industrial de Reserva, esto es, de los desempleados.

Una parte fue obligada a emigrar al sector de servicios o comercio.

La mayoría ha tenido que trabajar como “independiente”, o sea de modo autónomo, lo que implica que ha aumentado la clase media empobrecida, una parte importante de la cual se ve obligada a hacinarse en los barrios obreros pobres.

La pequeña burguesía urbana se fortaleció no tanto en números relativos, en relación al total de la población, pero sí en números absolutos, ya que la población tuvo un crecimiento importante.

Los sectores más favorecidos de las capas medias son los que mantienen negocios con las “multinacionales”, de manera directa o indirecta, algunas profesiones liberales (abogados, médicos, contadores, etc.) aunque la gran mayoría enfrenta muchos problemas incluso para sobrevivir; muchos ejercen trabajos mal remunerados y super explotados, como Uber y otros.

Las burocracias siguen siendo un componente importante del colchón de control social.

Las burocracias del estado, sean los altos funcionarios de ministerios, empresas públicas y la oficialidad de las fuerzas represivas, gozan de privilegios importantes, lo que las convierte en base social del sistema.

Lo mismo podemos decir sobre las burocracias de los partidos políticos, los sindicatos y los movimientos sociales. Hay un esfuerzo para mantenerlas vivas con el dinero de los patrones y del estado burgués, como infiltrados en el movimiento de masas.

De la baja oficialidad pueden surgir movimientos revolucionarios antiimperialistas, como fue el caso del chavismo o lo que en este momento sucede en África Occidental. Pero estos sectores, por más positiva que sea su lucha (y en estos casos tenemos la obligación de apoyarla), no tienen como superar el capitalismo.

Los terratenientes

Con el desarrollo del agrobusiness, los terratenientes anteriores que explotaban a campesinos de manera muy parecida a lo que hacían los señores feudales con sus siervos, han dado lugar a dueños de grandes extensiones de tierras que las arriendan para plantadores de monocultivos (soja, caña de azúcar, trigo, maíz, naranjas, otras frutas y otras materias primas) que venden las cosechas a los monopolios de los respectivos sectores.

Los alimentos de los pueblos,  como por ejemplo las hortalizas, son cultivados por campesinos, con muy poca ayuda estatal, cuando la hay.

El uso extensivo de mano de obra, ha dado lugar al uso de la tecnología y métodos muy agresivos en contra del medio ambiente y de la salud humana, como los pesticidas y los transgénicos.

Así los terratenientes se integraron al proceso capitalista mundial.

Al mismo tiempo, ha surgido una gran burguesía agraria, para la cual trabaja un número pequeño de proletarios agrícolas debido a los métodos de producción utilizados.

La burguesía nacional

La burguesía nacional en América Latina también ha sufrido transformaciones desde la década de 1980.

El control ejercido por el imperialismo, principalmente el imperialismo norteamericano, se ha endurecido muchísimo.

Los procesos económicos centrales son controlados y monitoreados de cerca por los Estados Unidos.

De la misma manera que la NSA (Agencia de Seguridad Nacional) y la CIA controlan todas las telecomunicaciones, el Departamento del Tesoro monitorea todas las transacciones comerciales. Cuando algo sale de su control, el gobierno norteamericano aplica rápidamente sanciones, ejerce actividades de sabotaje, etc.

Conforme la crisis fue avanzando, el modelo de estado narcoparamilitar de Colombia fue expandido a varios países. Hoy ya es una realidad que está siendo consolida en México, Brasil, Perú, Ecuador, Chile, Paraguay y Uruguay, y avanza sobre los demás países.

El objetivo es generar recursos, que no son públicamente controlados, para mantener las 100 bases militares oficiales de los Estados Unidos en América Latina, así como las acciones subversivas y, en parte, mantener a los gobiernos títeres locales, justificando la existencia de tropas norteamericanas.

Los sectores capitalistas más importantes son el financiero, la minería y el agrobusiness. Todos ellos funcionan sobre el control absoluto del imperialismo y concretamente de la especulación financiera.

Los demás sectores económicos, como las industrias manufactureras o el sector de servicios, se han transformado en sectores secundarios.

Todas las principales empresas nacionales de la región han sido transferidas a los monopolios o funcionan bajo la tutela del imperialismo norteamericano. 

La “privatización” (a cambio de prácticamente nada) de las empresas estatales importantes también avanza rápidamente.

Cuando los chinos actúan en la región, lo hacen pagándole a los Estados Unidos tasas mediante varios mecanismos, como por ejemplo la venta de las materias primas por medio de las bolsas mercantiles y futuro, o la compra de títulos públicos norteamericanos.

La crisis capitalista está haciendo estremecer esos mecanismos, pero América Latina, como patio trasero de los Estados Unidos, con la Doctrina Monroe completando 200 años, es la región que el imperialismo más controla, incluso más que Europa y Oceanía, donde hay potencias imperialistas más débiles que el imperialismo norteamericano, pero imperialistas al fin.

En América Latina, la casi totalidad de los gobiernos locales y de las burguesías locales no pasan de poodles del imperialismo norteamericano en primer lugar.

Hay tres gobiernos que están enfrentando al imperialismo norteamericano en alguna medida. Son los gobiernos de Cuba, Venezuela y Nicaragua.

Como se trata de gobiernos débiles, como lo son todos los gobiernos nacionalistas de los países neocoloniales, son obligados a apoyarse en parte en las masas, a hacerle concesiones al imperialismo y también a apoyarse en los rusos, chinos y en otras potencias regionales que han visto aumentar sus contradicciones con los Estados Unidos desde el 2008, de manera exponencial.

Por esa razón, no debemos darle a ningún gobierno nacionalista un cheque en blanco. Debemos apoyar lo que concretamente va en contra de nuestro enemigo común, el imperialismo. Y debemos denunciar todas y cada una de las capitulaciones.

Conclusión: los agentes de la lucha y del cambio

El análisis detallado de la lucha de clases en la situación política actual, tanto a nivel regional como en relación con cada país, es un componente central para la elaboración de nuestra política de lucha y revolucionaria.

Formulemos algunas tesis centrales:

1)   La clase revolucionaria en América Latina, que tiene como misión histórica superar el capitalismo y derrotar a las potencias imperialistas, sigue siendo la clase obrera, como incluso no podría ser diferente, mientras el capitalismo exista;

2)   Es necesario analizar a la clase obrera concreta de cada país para establecer las políticas concretas y las políticas regionales, en su evolución contradictoria. Su lucha debe ser organizada a partir de los centros de trabajo en primer lugar, y sus locales de residencia y estudio en segundo lugar. Esa necesidad implica en la construcción de organizaciones de masas de lucha;

3)   Debido a la alta integración desarrollada por el sistema capitalista en escala mundial, sólo es posible derrotarlo en los principales centros. Todo golpe que le aplicamos en los países atrasados lo debilita, pero no lo destruye. La unidad y la solidaridad internacionalista es fundamental para derrotarlo;

4)   Los campesinos en algunos países pueden cumplir un papel importante en la lucha, incluso en la lucha revolucionaria. Pero es necesaria la dirección política en contra del capitalismo para que esa lucha pueda desarrollarse, que es el estado mayor que debe formarse a partir de los sectores que se destaquen en la propia lucha de las masas;

5)   Los principales sectores de las burguesías nacionales se encuentran fuertemente controlados por el imperialismo, que aplica una política más agresiva que nunca sobre la región, debido a la agudización de su mayor crisis histórica;

6)   Sectores secundarios de la burguesía, conforme la crisis aumenta, pueden enfrentar parcialmente al imperialismo. Estas contradicciones pueden ser aprovechadas en beneficio de los trabajadores, pero nunca debemos dejarle la dirección de la revolución en sus manos;

7)   De la pequeña burguesía pueden surgir sectores nacionalistas capaces de enfrentar al imperialismo, como nos lo está mostrando la experiencia de África Occidental. Eso pasó parcialmente también en Venezuela con Hugo Chávez;

8)   La “izquierda” oficial de hoy es una izquierda pequeño burguesa en lo fundamental, que no tiene nada que ver con los intereses de los trabajadores;

9)   Los pequeños agrupamientos de lucha, de izquierda revolucionaria, hasta hoy nos encontramos en un gueto, por las décadas de “neoliberalismo” que empujaron el movimiento de masas a un importante reflujo. Pero la situación está cambiando rápidamente, con altos y bajos, desde el 2019 principalmente;

10) La tarea de los luchadores sociales y revolucionarios que no sucumbimos a la presión de la burguesía, es levantar bien en alto las banderas de lucha en contra del capital y del imperialismo; ajustadas en cuestiones tácticas a la realidad de cada país y al estado de ánimo de las masas que, conforme la mayor crisis capitalista de todos los tiempos avanza, tiende inevitablemente a entrar en movimiento, incluso porque no tienen otra opción.