La jauría que yace en Punta Peuco Pide “conmiseración”

No les bastó con encubrir al cobarde dictador, también asesinaron torturaron en nombre de todo un pueblo pero en la bajeza del sin honor, nunca de frente a Chile, lo hicieron en la absoluta clandestinidad, porque sabían plenamente de sus actos.

Conmiseración: Sentimiento de pena y dolor por la desgracia o sufrimiento de alguien.


Reos de Punta Peuco dirigen carta mediante el Partido Republicano para pedir “conmiseración”

El escrito comienza con el reconocimiento de que “en el cumplimiento de nuestros deberes y en la forma como lo entendíamos en esa época, muchas de nuestras acciones produjeron violaciones a los derechos humanos, con graves consecuencias”.

“A no dudar, ello fue reflejo de una formación que daba más importancia a la obediencia que al respeto por el que se consideraba adversario, lo que se cita como dato para su comprensión y no como justificación”, agregan.

Pese al mea culpa totalmente tardío y mentiroso, es muy conveniente para el fascismo el disfraz de demócrata que jamás serán. Los verdaderos culpables civiles y militares siguen en completa impunidad.

Los “abuelitos” de Punta Peuco asesinaron sin misericordia a compatriotas y luchadores populares durante la dictadura y encubrieron al alto mando hasta la fecha, hoy tomando el camino de sublevación a los superiores -muchos de los cuales están muertos- apuntan a los verdaderos culpables.

La carta llegó a manos de Gonzalo de la Carrera, los asesinos responsabilizan al alto mando de nunca haberse hecho cargo de sus órdenes, pero tienen razón en algo, por 33 años el poder judicial y político ha hecho vista gorda a muchos casos de crímenes de lesa humanidad haciendo imposible la reivindicación popular.

Tienen razón con la línea de mando, aún así el juramento a la bandera y su honor a la patria lo perdieron cuando levantaron el fusil para apuntar a su propio pueblo.

La cobardía de no perder la vida los llevará a entregarla en la cárcel donde se merecen la pena de la sublevación contra el poder erigido desde el pueblo.

La misma cobardía de uno de los oficiales condenados por asesinato de Víctor Jara Victor Jara, quien luego de su juicio más que tardío, se suicidó para no hacerle frente a la justicia. 43 Balas le faltaron para por lo menos saber que se sintió.