¿Por qué preferimos apoyar a Rusia en la guerra de Ucrania?

En América Latina, somos utilizados como retaguardia estratégica por los Estados Unidos. Su interés: explotación financiera, control de recursos y mano de obra barata. ¡Por eso tomar posición ante la guerra es fundamental! #AméricaLatina #Soberanía

Rusia no es una potencia imperialista, a pesar de ser una potencia militar, sino que es una potencia regional muy apretada por la agresión imperialista.

El imperialismo es la fusión del capital industrial con el capital bancario, la dominación del mundo por los super grandes monopolios, que son aproximadamente 30 mil, controlados a partir de 100 grandes carteles cuyo dueño es justamente la burguesía imperialista.

La burguesía es la principal clase social dominante en el capitalismo, los capitalistas y sus representantes políticos e ideológicos.

Su control del mercado mundial es muy colateral y secundario en comparación con los Estados Unidos y la Unión Europea, quienes le aplicaron a Rusia más de 13 mil sanciones. Los países más sancionados que le siguen son Corea del Norte e Irán, con aproximadamente 3.000 sanciones.

Cuando Rusia enfrenta al imperialismo norteamericano, debilita la supra policía mundial, el principal opresor de toda América Latina.

La derrota militar del imperialismo, tanto norteamericano como europeo, provoca la crisis en los países más desarrollados y los obliga a apretar aún más a las neocolonias, lo que agudiza la crisis revolucionaria.

¿Le damos un cheque en blanco al gobierno Putin?

No. El gobierno de Putin es un gobierno burgués, integrado al capitalismo mundial; es un enemigo de la revolución de los trabajadores en contra del capital.

Entonces, ¿por qué lo apoyamos?

Lo apoyamos estrictamente en su enfrentamiento al imperialismo y en absolutamente nada más.

Eso es un principio muy elemental de cualquier política de alianzas, incluso cuando se trata apenas de propaganda concreta.

¿Apoyamos el llamado “multipolarismo”?

No. Esa es una política “reformista” en relación al control del mercado mundial.

El imperialismo norteamericano no puede convivir con el “multipolarismo” a menos que sea derrotado en términos militares.

Nunca el mercado mundial fue redividido hasta hoy, a no ser por medios militares.

¿Apoyar a Rusia en la guerra en Ucrania implica apoyar la alianza de Rusia con otros países, principalmente China?

No. China representa la principal potencia regional y se encuentra en transición a convertirse en una potencia imperialista, presionada por sus propias contradicciones internas y en enfrentamiento cada vez más frontal con el imperialismo norteamericano.

¿Y si Rusia es vencida?

El objetivo de los Estados Unidos es dividir a Rusia en 20 países, apropiarse de sus enormes riquezas minerales y agrícolas, de su poderío militar y nuclear, y dirigir su agresividad contra China, cercándola también por el norte.

Esa situación le dará más fuerza para encontrarle una salida a su mayor crisis de todos los tiempos, lo que implica que aumentará su opresión en el patio trasero, América Latina.

¿Y si Rusia vence en Ucrania?

Los imperialismos norteamericano y europeo saldrán debilitados en términos estructurales.

No obstante, la agresividad militar deberá aumentar por medio de la escalada de la militarización de la parte occidental de Ucrania y de toda Europa, principalmente de Europa Oriental.

Probablemente la escalada aumentará también en el Mar del Sur de China.

El imperialismo tampoco puede dejar la situación desarrollarse en el Oriente Medio, en el sentido de perder el control de las monarquías del Golfo Pérsico. Podemos esperar alguna contraofensiva allí también.

¿Cuál es la situación más favorable para la lucha social y revolucionaria?

Es aquella que debilita más a nuestros enemigos.

¿Entonces no sería mejor adoptar una política neutral?

No. La neutralidad en este caso desconoce el carácter del imperialismo y principalmente el carácter de Rusia como potencia regional que se vio obligada a enfrentar el imperialismo.

En la práctica le hace el juego a la política de los Estados Unidos y de la OTAN (Organización del Atlántico Norte).

¿Y si Rusia y China dirigen sus esfuerzos en contra de los oprimidos y de la revolución?

El apoyo a Rusia en contra del imperialismo es súper concreto. Cuando la situación cambia, nuestra política táctica debe también cambiar inmediatamente.

¿Cuál es el impacto de la guerra en Ucrania sobre América Latina?

Conforme la crisis de los Estados Unidos aumenta, para lo que también colabora su desgaste en Ucrania, el aprieto sobre su patio trasero también aumenta de manera proporcional, y aún exponencial, como ya lo estamos sintiendo en la propia piel. Pero la tendencia es que sea mucho peor.

Lo que hoy vemos en Chile con el gobierno Boric, como vocero de la Dictadura y continuista de Sebastián Piñera, podrá parecer un juego de niños en todos los sentidos.

¿Cuál es la perspectiva para la lucha social y revolucionaria?

Las guerras contrarrevolucionarias andan de la mano de las revoluciones, y viceversa.

La desestabilización que provoca la guerra desestabiliza el sistema en su conjunto y crea las condiciones para las revueltas populares y las revoluciones.

Por detrás de toda la crisis actual está la agudización de la mayor crisis capitalista de todos los tiempos.

De la guerra a más guerras y revoluciones

La guerra en Ucrania, que tuvo su inicio en febrero de 2022, le fue impuesta a Rusia por el imperialismo norteamericano en primer lugar.

La secuencia de provocaciones realizadas por medio de la OTAN (Alianza del Atlántico Norte) y por el gobierno títere de Ucrania tenía como objetivo pasarle por arriba a las líneas rojas de la Doctrina Militar rusa y, de esa manera, obligar al gobierno de la Federación Rusa a ir a la guerra.

Era la continuidad de la agresión que escaló en 2014 con el golpe de estado del Euromaidán en Ucrania.

La primera pregunta es el porqué los Estados Unidos tenían interés en la guerra proxy en contra de Rusia.

La primera razón es que la mayor crisis capitalista de todos los tiempos, que se abrió en el 2008 y que aún no se cerró, estaba para nuevamente estallar.

A partir de agosto del 2019 una situación similar había aparecido y fue controlada por medio del traspaso de billones (trillions en inglés) a los monopolios. Todo disfrazado de “crisis sanitaria” para evitar el resurgimiento de revueltas populares como las que sucedieron en 2009 y 2010.

A finales de 2021 la situación volvió a repetirse y la solución encontrada es la más clásica posible, en relación al capitalismo. Irse a la guerra.

De esa manera, el complejo industrial militar entró en movimiento y, a partir de él, toda la economía capitalista, principalmente la norteamericana, se movió.

Los efectos colaterales son enormes, principalmente con la escalada de la crisis en Europa, que dependía umbilicalmente de la energía rusa barata.

En América Latina, como patio trasero de los Estados Unidos, nos toca servirles como retaguardia estratégica para la rapiña financiera, el control de materias primas importantes y la mano de obra barata.

La historia se repite, pero en espiral, sobre un nivel más alto. Debemos esperar, lo que ya empezó a suceder parcialmente: el mayor ascenso de masas de todos los tiempos, que la burguesía intentará contener por medio de la represión, las dictaduras, el fascismo y las guerras.