Un 1 de Mayo de 2023 para luchar

Lo cierto es que nunca fue posible cambiar el sistema desde adentro, pero hoy se hace aún más evidente la quiebra política de sectores que han alimentado esta ilusión entre las masas durante décadas.

Desde nuestra Comisión por una Asamblea Constituyente Libre y Soberana, saludamos a los trabajadores de Chile, América Latina y el mundo entero con un abrazo de lucha y esperanza.

En este día en que los trabajadores hablamos de nuestras luchas y honramos a nuestros mártires, nosotros también entregamos nuestra visión de lo que sucede en nuestro país y los elementos sobre los que construimos la lucha en Chile.

Primero, la rebelión popular iniciada en octubre de 2019 borró la estabilidad del sistema “neoliberal” chileno y lo insertó de lleno en la crisis general del capitalismo. Pero la rebelión también reveló la crisis de una forma de ver las luchas populares y de hacer política popular.

Ninguna de las organizaciones orgánicas del campo popular previó la rebelión que se avecinaba, y menos aún tenía una política para derrocar el sistema.

La extrema debilidad programática y política de estas organizaciones quedó expuesta y, por primera vez en mucho tiempo, se hizo evidente el fracaso de todos los “ismos” del pasado.

Fueron precisamente las masas y sus sectores más avanzados los que tuvieron que desarrollar nuevas e innovadoras formas de organización y generar política en tiempo real en medio de sangrientas luchas en las calles.

Mientras esto sucedía, la vieja política sólo logró instrumentalizar la rebelión y aprovecharla en términos institucionales, en muchos casos ahogando la expresión de las masas.

Cuando el régimen se vio acorralado, promovió la convocatoria de un plebiscito que convocaría a una convención constitucional. Fue la Cocina del Sistema Político del 15 de noviembre de 2019.

Todo el sistema político rápidamente abandonó populismos y reformismos de todo tipo, asumió la política del régimen oficial y se adhirió a la Convención Constitucional pinochetista con la ilusión de hacerle algunos cambios cosméticos al sistema actual, que, por ejemplo, destina el 26% del salario de los trabajadores a la capitalistas a través de los fondos de pensiones y de salud; y sólo le devuelven las pérdidas.

Y sabemos que ese es el modelo que el imperialismo y las burguesías quieren imponer en toda América Latina.

El gobierno Boric tuvo como función justamente imponer la “nueva” constitución pinochetista, sin cambiar nada de las estructuras.

La derrota, el año pasado, de la Convención Constitucional, representó el fracasó de todo el sistema político de ponerle un punto final a las reivindicaciones del Estallido del 2019.

Este año el gobierno Boric volvió con la nueva política, pero de manera mucho más típicamente pinochetista. Con un consejo de 24 “expertos” de la derecha que imponen los 12 Bordes, o límites de la “nueva” constitución pionchetista que los 26 delegados electos apenas podrán ajustar.

Una verdadera farsa que debemos derrotar.

Lo cierto es que nunca fue posible cambiar el sistema desde adentro, pero hoy se hace aún más evidente la quiebra política de sectores que han alimentado esta ilusión entre las masas durante décadas.

Nuestra construcción se basa en otros elementos centrales

Organización de las masas con independencia de todos los sectores políticos oficiales; la lucha de masas y callejera y la creación de poder popular desde los territorios.

Es decir, no hacer política revolucionaria institucional desde arriba, sino desde las bases de los pobres y explotados, hacia arriba. Hacia la destrucción del capitalismo y el poder de los trabajadores.

Cuatro son los elementos centrales de esta política popular y revolucionaria y los exponemos aquí.

Inserción en la base del pueblo, principalmente en los barrios periféricos y en los principales centros de producción, que es la minería y los grandes puertos. En Chile, con Pinochet y la posterior “democracia” (que mantuvo el pinochetismo) se destruyeron casi todas las grandes industrias.

Un plan de lucha de masas por sus más sinceras demandas, con énfasis en la lucha callejera que revela las debilidades del régimen.

Un nuevo lenguaje directo acorde con el espíritu de lucha de las masas.

Y, finalmente, una actitud consecuente hacia la inserción de los luchadores sociales en los movimientos populares, indígenas, sociales y obreros.

Los principales elementos políticos son la denuncia de la falsa legalidad burguesa y la lucha contra su institucionalidad, denunciando su esencia represiva y su falta de respuesta a los intereses populares.

Pero también desenmascarando las falacias de una “izquierda institucional” estancada en el pasado y su embrutecedor sueño legalista que empuja a las masas a ser controladas desde dentro del sistema.

¡Viva la lucha de los pueblos latinoamericanos y del mundo!

¡Organicemos la lucha desde la base, de manera consecuente, aprovechando la poca legalidad que aún existe, pero sin ilusiones, contra el imperialismo, el capital!

¡Anulemos nuestro voto el 7 de mayo y luego, en contra del Fraude! Por nuestras familias y por todos los trabajadores.

ASAMBLEA CONSTITUYENTE LIBRE Y SOBERANA ES LO QUE NECESITAMOS