Un día Como Hoy: Nos arrebataron al Che, pero no podrán no hacerlo florcer en cada luchador

Dice la canción popular que “entre mi pueblo y tu pueblo hay un punto y una raya/para que mi hambre y la tuya no se puedan juntar”. ¡Nuestra América unida y socialista es la meta! 

La lucha en América latina sigue más vigente que nunca

Desde lo más profundo de Nuestra América irredenta, desde lo más remoto de nuestra historia originaria del Abya Yala, desde las raíces de nuestras tradiciones proletarias, surgen nuestras ideas y nuestras voces para unir fuerzas en el torrente de luchas de las masas laboriosas y las clases trabajadoras explotadas, para convertirlo en energía política revolucionaria, con la meta de una profunda Revolución Socialista Continental que contribuya a la emancipación universal.

Los jóvenes de ayer y de hoy, que saltando el cerco con que a nivel mundial el capitalismo ha querido enterrar para siempre las ideas revolucionarias, recogemos las banderas proletarias y de las clases explotadas que, a lo largo de Nuestra Historia, construyeron con sus esfuerzos y sacrificios heroicos las ideas centrales que dieron paso a la ciencia de la clase obrera, base fundamental de nuestra próxima liberación.

La criminal maquinaria de propaganda del capitalismo ha tratado por todos los medios de sembrar la idea que la revolución socialista ha desaparecido.

Pero a pesar de su sanguinaria campaña a lo largo de los tiempos, hoy podemos decir con todas las fuerzas de Nuestra Historia que los trabajadores y los pueblos oprimidos no se rinden: los muertos que vos matasteis gozan de buena salud y estamos aquí de pie para plantar nuestra bandera de futuro.

Somos los mismos que resistieron las invasiones española, portuguesa, inglesa y francesa y pelearon por la independencia que no pudo ser; que hicieron la Revolución Rusa, la Revolución China y derrotaron al imperialismo norteamericano en Indochina, allá lejos, que organizaron los levantamientos obreros en los comienzos del siglo XX y en las décadas de 1960 a 1980, que estuvieron en la Revolución Cubana y siguen buscando como salida para la mayor crisis capitalista mundial de todos los tiempos, una sociedad sin explotadores, el socialismo, como creación heroica de la clase obrera y los pueblos oprimidos y explotados a lo largo del mundo.

Seguimos levantando la estrella roja del Che Guevara y bajo el fulgor de sus ideas y acción, caminamos a paso redoblado hacia el futuro, tomando todas las enseñanzas acumuladas de nuestras victorias y derrotas, para transitar por un nuevo camino de lucha hacia la urgente liberación social de nuestros pueblos.

Somos la sonrisa, la alegría, los sueños, la poesía, la música, la primavera de los pueblos, la libertad.

Queremos ser la victoria del futuro sobre el pasado, parte de los que venceremos a pesar de todas las dificultades, porque sembramos vida.

Nadie podrá detener ya nuestras olas crecidas de Humanidad, porque hemos dicho ¡basta! y echado a andar rumbo a la victoria definitiva de la clase obrera y hemos echado a andar con las clases explotadas y oprimidas por el capitalismo, que ya siente temblar el suelo bajo sus pies.

Tenemos la ambición de ser, en definitiva, parte de la vanguardia revolucionaria que deberá ayudar a guiar la lucha en contra del imperialismo y del capital.

En esta fecha tan especial, regada con la sangre del Comandante Che Guevara, expresamos nuestro proyecto al conjunto de los movimientos revolucionarios, a las clases obreras, a los pueblos originarios, a los explotados de las ciudades y los campos, a todas y todos quienes sufren la injusticia de un sistema capitalista, profundamente antihumano, que niega el desarrollo armónico de la sociedad y la condena a sufrir sus saqueos y sus guerras, poniendo en peligro la existencia misma de nuestro Planeta.

La Revolución Socialista es urgente porque es la salida para salvar nuestro Planeta y tener un futuro para toda la Humanidad.

Los discípulos de los grandes revolucionarios, como lo fue el Che Guevara, debemos expandirnos, aprendiendo cada vez más de todos, para juntos construir el nuevo camino de victoria que la urgencia de nuestro tiempo nos reclama.

Nuestra América Abya Yala

  Nuestra América Abya Yala está sometida al sistema capitalista de explotación sostenido por las privilegiadas clases burguesas y sus Estados locales, bajo la dura bota del imperialismo norteamericano, que es, de lejos, nuestro principal explotador.

Esto queda aún más claro ahora, en los 200 años, que se completan en diciembre de 2023, de la Doctrina Monroe.

Todo nuestro Continente es una desigual combinación de países dependientes del imperialismo que oprime y domina por medio de sus empresas monopólicas, sus medios de comunicación masiva que aplican una propaganda cada vez más incorporada a operaciones de guerra, sus bancos, organismos financieros y el endeudamiento perpetuo, con sus bases militares, con su control del narcotráfico y con su operación de rapiña sobre nuestros pueblos.

La magnitud de las desigualdades sociales -explotación de las clases obreras, las clases campesinas y los pueblos originarios- y de la dependencia financiera y política -opresión imperialista- es mayor aún hoy que en la etapa histórica anterior, aquella que vio alumbrar la Revolución Cubana y despertó una esperanza que dio impulso al auge revolucionario de los años ‘60, ahogado en sangre por sucesivos golpes contrarrevolucionarios y guerras contrainsurgentes.

* El principio histórico del “marxismo” (Socialismo Científico), que el Che enarboló, nos enseña que la Revolución es nacional por sus formas e internacional por su contenido.

Nuestra América conformada por el capitalismo neocolonial destructor de los pueblos originarios dio origen a numerosas naciones y, después, a nuevos estados en manos de las clases poseedoras dominantes, tras el proceso de las guerras de la Independencia que no fue.

Las nuevas clases dominantes dirimieron sus disputas de poder en guerras civiles. Esa Independencia generó nuevas formas de dependencia.

Nuestros países sometidos al imperialismo por decisión de las clases burguesas y la fuerza de la prepotencia imperialista, nunca alcanzaron una auténtica autodeterminación nacional.

* La opresión imperialista contemporánea nos impone como necesidad alcanzar la liberación nacional. Y esa liberación no podrá alcanzarse si no es por la Revolución Socialista.

Todas las formas de nacionalismo jamás rompieron las cadenas de la opresión, porque nunca dejaron de ser parte del sistema capitalista. Nuestras sociedades son muy diferentes. Los ritmos de las luchas de clases son disímiles.

La Revolución Continental debe tener una estrategia antimperialista común. El carácter de nuestra Revolución Continental es antimperialista y socialista.

La transición del capitalismo se iniciará en tiempos diferentes, pero el socialismo no podrá desarrollarse como sistema en los estrechos marcos nacionales. Dice la canción popular que “entre mi pueblo y tu pueblo hay un punto y una raya/para que mi hambre y la tuya no se puedan juntar”. ¡Nuestra América unida y socialista es la meta! 

SIGLOS DE LUCHAS

* Desde que la invasión colonial hace más de 500 años exterminó a gran parte de los pueblos originarios y sometió a los sobrevivientes que resistieron, en nuestro Continente se implantó una combinación de esclavismo y capitalismo enfocado al mercado mundial capitalista.

El imperialismo contemporáneo –ese monstruo que denunció anticipadamente José Martí– consolidó este sistema.

Las resistencias indígenas desde México hasta el Alto Perú y la Cuenca del Plata, fueron heroicas, pero aplastadas.

La opresión de los pueblos originarios se prolongó a manos de las nacientes clases propietarias de terratenientes, comerciantes y capitalistas que asumieron los gobiernos de estados formalmente independizados, llegando a niveles de exterminio como ocurrió en las pampas y la Patagonia.

Las revoluciones anticoloniales independentistas tuvieron su avanzada en un lugar emblemático: allí donde Colón hizo su primer desembarco invasor, en la isla mal llamada La Española, el pueblo de Haití conformado por esclavos traficados desde África, inició en 1794 la rebelión emancipadora y en 1804 se proclamó la independencia.

La desigualdad que provocó la dominación colonial y el divisionismo de las emergentes clases poseedoras mestizas y criollas, determinaron que las guerras anticoloniales terminaran con la conformación de Estados burgueses, con rasgos muy distintos de los que en Europa parió la Revolución Francesa y del que conformaron en las ex colonias inglesas quienes fundaron los Estados Unidos de Norteamérica.

Esas independencias no se tradujeron en los ideales unitarios burgueses de los ejércitos libertadores bolivariano y sanmartiniano ni en los programas reformadores sociales de Artigas.

* El origen de nuestra formación histórica se resume en esta descripción que nos aporta nuestro compañero Jorge El Tambero Zabalza, el legendario tupamaro, en su obra La leyenda insurgente:

“El patriciado uruguayo no fue nada mejor: traicionaron al artiguismo y disfrazaron fraudulentamente de nación una falsa república oriental.

La dualidad de ser a la vez dominantes y dominados fue el rasgo esencial de su carácter de clase, sus políticas estaban dominadas por la necesidad contradictoria de someter a los de abajo y de besar las botas de los patrones europeos.

Por todo eso, pese a proclamarse independentista, el Movimiento de Mayo acabó en un simple enroque de metrópolis. No les interesaba en absoluto ser independientes de la burguesía británica, que les compraba cueros, transportaba los esclavos que secuestraba en África, traía manufacturas a menor costo que las producidas en el país y, por si todo eso fuera poco, financiaba los negociados que hacían a costillas del Estado…

El formato ‘república independiente’ solo fue un cambio en el modo de la dependencia. No hubo cambios en la formación social y política. En absoluto. El Movimiento de Mayo sólo trajo un cambio de paDice la canción popular que “entre mi pueblo y tu pueblo hay un punto y una raya/para que mi hambre y la tuya no se puedan juntar”. ¡Nuestra América unida y socialista es la meta!trón… en cada comarca latinoamericana se fueron constituyendo en clase dominante arropada en el poder del capitalismo europeo”.

* Estados Unidos incubaba su imperialismo, confiscándole territorios a México, intentando reimplantar la esclavitud en Centroamérica y arrebatándole a España sus ex colonias de Cuba y Puerto Rico. Y hasta fracturó Colombia para tener el dominio total del estratégico canal de Panamá.

El continente quedó fragmentado y las clases propietarias locales convertidas en gobernantes, conformaron Estados burgueses políticamente independientes, pero de entrada sometidos al naciente imperialismo norteamericano.

Quedaron reductos coloniales totales en islas del Caribe, en una de las Guayanas y las islas Malvinas.

* Al ritmo del desarrollo capitalista muy desigual, nacieron las nuevas clases laboriosas: las clases obreras, allí donde florecieron industrias, conformadas por la proletarización de criollos, originarios, mestizos y negros; y las clases campesinas, en la marginalidad de los paraísos para las clases terratenientes.

Obreros emigrados de la derrotada Comuna de París se incorporaron a esa nueva clase trabajadora; otros millones de familias emigradas de la miseria y las persecuciones de Europa oriental y de las penínsulas itálica e ibérica, sumaron su legado libertario y clasista, sembrando ideales anarquistas y socialistas.

Nuestras clases proletarias nacieron así con este crisol de vertientes. Somos internacionalistas desde nuestros orígenes.

Una nueva era de luchas de clases explotadas contra clases explotadoras sembró Nuestra Historia.

* En las nuevas naciones latinoamericanas y caribeñas, las oligarquías gobernantes moldearon las sociedades con el sentido de su clase.

A la resistencia de las clases trabajadoras, se sumaron las luchas de sectores intermedios que pugnaban por reformas democráticas. Hubo guerras civiles, reformas y revoluciones frustradas, como la Revolución Mexicana de principios del siglo XX, con sus ejércitos campesinos de Emiliano Zapata y Pancho Villa y sindicatos revolucionarios.

Hubo Reforma Universitaria promisoria pero interrumpida.

Hubo nuevas invasiones norteamericanas en Centroamérica y el Caribe. Hubo guerras libertarias, como la que encabezó Sandino con su ejército de campesinos y obreros en Nicaragua, que obtuvo victorias contra las tropas imperialistas, pero fue asesinado por la traición liberal-conservadora.

Hubo insurrecciones obreras aplastadas, como la masacre de Iquique en Chile, las de la Patagonia Rebelde y la Semana Trágica de Buenos Aires en Argentina, y la de El Salvador encabezada por Agustín Farabundo Martí, también fusilado.

Hubo levantamientos armados, como la Columna Prestes en Brasil.

Hubo represión militar brutal en todos los países. Ocurrió el bogotazo tras el asesinato del líder popular Eliezer Gaitán, que dio inicio a una larga guerra civil en Colombia que dura hasta nuestros días.

* En gran parte de Nuestra América surgieron en los movimientos obreros, partidos socialistas y comunistas que encabezaron heroicas luchas y sueños emancipadores, hasta que los primeros derraparon en socialdemocracias y los segundos degeneraron en un reformismo político que empezó justificando una supuesta revolución por etapas, avalando en forma explícita el capitalismo en muchos casos.

Allí donde alcanzaron el poder en otros continentes, se profundizó un decadente sistema que – a pesar de alcanzar conquistas materiales – acabó hundiendo cualquier posibilidad de construir una genuina nueva sociedad y abrió paso a la restauración capitalista y ahora en una pretendida posición imperialista.

Se frustraron las perspectivas revolucionarias, al sustituirse la meta de la Revolución Socialista por el reformismo político.

No pudieron madurar propuestas revolucionarias como las del amauta peruano José Carlos Mariátegui, que desafió el dogmatismo planteando al socialismo como creación heroica, fusionando el ideal proletario con las luchas de los pueblos indios.

El precursor del comunismo cubano, Julio Antonio Mella, fue asesinado en plena juventud.

* Al mismo tiempo, surgieron poderosos movimientos populistas, que encauzaron grandes masas obreras en corrientes dirigidas por políticos burgueses reformadores, que promovían reivindicaciones sociales, pero bajo la ideología y la práctica de la conciliación de clases.

El aprismo en Perú, el priísmo en México, el peronismo en Argentina, el varguismo en Brasil, el nacionalismo en Bolivia. Los populismos eran denostados por las oligarquías, que los combatieron hasta con las armas, porque no toleraban -¡ni toleran!– las más elementales concesiones a las clases trabajadoras.

El liberalismo y el fascismo en sus versiones regionales, con su matriz clasista y racista no admitían -¡ni admiten!- lo que los populismos vinieron a garantizar: el sostenimiento del capitalismo por medio de la sujeción del proletariado con la ideología y la política de la conciliación de clases.

* Un ensayo tibiamente reformista en Guatemala fue interrumpido en 1954 por el golpe armado, promovido por las empresas bananeras norteamericanas y la oligarquía local.

La experiencia más radicalizada de la corriente populista floreció con la Revolución Boliviana de 1952, durante la cual la insurrección obrera derrotó al ejército de la burguesía a cartucho de dinamita limpio, activado por las manos y el heroísmo de los mineros.

Pero la ideología y la política populista neutralizaron la perspectiva de una Revolución Socialista, que habían propuesto los sindicatos en sus Tesis de Pulacayo.

El ejército burgués fue reorganizado, la revolución fue interrumpida y traicionada, el capitalismo se sostuvo de la mano sangrienta de los militares.

UN CAMBIO REVOLUCIONARIO DE ÉPOCA

* El 1° de enero de 1959, el triunfo del Movimiento 26 de Julio y su Ejército Rebelde sobre la tiranía de Batista en Cuba sacudió el continente.

La cabeza y la columna vertebral de la dictadura fueron destruidas en una breve guerra revolucionaria y abrió una época revolucionaria en las fauces mismas del coloso imperialista.

El mito del fatalismo geográfico acerca de la supuesta imposibilidad de revoluciones en Nuestra América se cayó. La modorra y la resignación que habían sembrado los reformismos y populismos, fue sacudida.

Los revolucionarios cubanos demostraron que la aplicación consecuente de una proclama democrática como la enunciada por Fidel Castro en su alegato La historia me absolverá, solo podía llevarse a cabo si se asumía en el sentido de la Revolución Socialista, hecho que fue proclamado al mismo tiempo que era derrotada en 1961 la invasión mercenaria montada por el imperialismo en Playa Girón.

Cuba fue bloqueada, agredida y asfixiada como una fábrica recuperada por sus trabajadores y puesta a producir. Para sobrevivir, recurrió a la entonces Unión Soviética y tuvo que dedicar enormes esfuerzos a su defensa.

Estas circunstancias condicionaron la construcción de la nueva sociedad, tal como la planteara en 1965 el Che Guevara, en su célebre ensayo El socialismo y el hombre nuevo en Cuba.

El mismo Che planteó los dilemas y contradicciones de la transición al socialismo, en su carta de despedida a Fidel el 26 de marzo de 1965. Esta ininterrumpida Revolución en su aislado Territorio Libre, comprendió rápidamente que su destino estaba ligado inexorablemente al de todo el Continente.

El Che encarnó en su prédica política y su compromiso personal insobornable, el ideario internacionalista.

Resumió la estrategia en 1967, así: “Las burguesías autóctonas han perdido toda su capacidad de oposición al imperialismo – si alguna vez la tuvieron – y sólo forman su furgón de cola. No hay más cambios que hacer: o revolución socialista o caricatura de revolución”. Era la época del Vietnam heroico resistiendo la barbarie imperialista en el lejano sudeste de Asia. Por eso propuso: “Crear dos, tres, muchos Vietnam…”.

* El imperialismo norteamericano dispuso rápidamente una estrategia contrainsurgente con múltiples tácticas.

Por un lado, programas con apariencias reformadoras para evitar que los movimientos de masas se sumen al entusiasmo despertado por la Revolución Cubana.

En la Conferencia de la O.E.A. (Organización de los Estados Americanos) de Punta del Este en 1961, el Che pronosticó su fracaso.

Así se dio a luz la falsamente llamada “revolución en libertad” del democristiano Eduardo Frei en Chile y otros ensayos desarrollistas. Por otro lado, reforzando viejas dictaduras e imponiendo otras nuevas.

Su brutalidad e intolerancia se repitió con una nueva invasión militar a la República Dominicana en 1965, ante otro efímero intento reformador.

Chile vio florecer en 1970 la experiencia más avanzada del reformismo político y social encabezado por el ya entonces legendario Salvador Allende, con el planteo expreso de llegar a la meta socialista, modificando por sucesivas etapas la economía y la sociedad desde la superestructura del Estado burgués.

Pero la intolerancia de esa burguesía y de ese imperialismo a cualquier tipo de reformas, ahogaron en sangre esa utopía reformista.

El pinochetazo en 1973 fue precursor de una nueva era de terrorismo de Estado.

Esa modalidad de fascismo y regímenes fascistoides contrarrevolucionarios alcanzaron incluso a territorios impensados, como el Uruguay batllista y blanco, caratulado como una “Suiza americana” por los manipuladores de la historia y la política.

* De un extremo a otro de nuestro Continente, en la década de los ’60, se produjeron auges de las luchas obreras, campesinas y estudiantiles. En 1968 en México ocurrió la masacre de Tlatelolco.

En 1969, el Cordobazo abrió una nueva época en Argentina que impactó en toda la región. Simultáneamente florecieron importantes corrientes políticas revolucionarias, muchas de las cuales organizaron destacamentos insurgentes.

Luchadores pensadores se pusieron al frente de ese empeño asumiendo el legado del Che y dándole formas nacionales a una lucha continental.

La lista es extensa y su rescate es imprescindible, porque la construcción del futuro necesita nutrirse con la Memoria Histórica y sus enseñanzas. Raúl Sendic, Carlos Fonseca, Hugo Blanco, Lucio Cabañas, Camilo Torres, Mario Roberto Santucho, Miguel Enríquez, Carlos Marighela, Coco e Inti Peredo, Jaime Bateman, Roque Dalton e incluso Abimael Guzmán que al frente del PC del Perú lideró un gran levante de masas, principalmente campesino, que era continuidad del levante dirigido al principio de los años ’60 liderado por Hugo Blanco, durante 13 años, cuando el llamado “neoliberalismo”, reforzado con la caída de la URSS, era impuesto por medio de una política de guerra civil en América Latina y el mundo…

La lista es tan extensa como la fuerza que tuvo ese impulso revolucionario.

Las experiencias generadas son nuestra literatura política, que evaluamos con cuidado en la elaboración de las políticas para resolver los problemas actuales. Su compromiso y heroísmo son nuestros ejemplos. Sus fracasos y derrotas son fuente de nuestro aprendizaje histórico activo.

* Casi al final de ese auge, una nueva victoria despertó nuevas esperanzas.

Fue el triunfo en Nicaragua de la Revolución Sandinista en 1979, tras muchos años de guerra de guerrillas, insurrecciones parciales y, por fin, la victoriosa insurrección general.

Apenas iniciadas la reforma agraria, la alfabetización masiva y otras transformaciones, una nueva guerra de agresión organizada militarmente por Estados Unidos, movilizando tropas mercenarias, campesinos y pueblos originarios descontentos, interrumpió de hecho la proyectada revolución social.

En su Proclama de 1969, Carlos Fonseca Amador, el fundador del Frente Sandinista había enunciado: “La reivindicación socialista y la emancipación nacional, se conjugan en la Revolución Popular Sandinista. Nos identificamos con el socialismo, sin carecer de un enfoque crítico ante las experiencias socialistas”.

La Revolución triunfó militarmente frente a la agresión imperialista, pero fue derrotada políticamente en 1990.

El objetivo y el ideal proclamados por el Comandante Tayacán vencedor de la muerte, fue trastocado tras la derrota. El otrora partido revolucionario FSLN se descompuso en sucesivas sangrías, se encumbró allí una cúpula que pactó con los liberales que desmantelaron las conquistas sociales y la jerarquía católica comprometida en la contrarrevolución.

El FSLN volvió al gobierno en 2007 como un partido del régimen disfrazado con los colores y emblemas de aquella tradición libertaria.

El ideal de Carlos Fonseca fue desplazado por la adaptación y reproducción del capitalismo cuya esencia explotadora no puede ser disimulada con la retórica de un inexistente “socialismo cristiano”.

Cuando el hartazgo popular acumulado se profundizó, explotó en 2018 una insubordinación cívica popular de alcance masivo. Ante la ausencia de una organización y orientación revolucionaria que condujera ese descontento hacia objetivos revolucionarios, la sublevación callejera fue copada políticamente por sectores de la burguesía (que durante años sacaron provecho del régimen) en alianza con el clásico intervencionismo norteamericano.

La respuesta del gobierno no se hizo esperar y la represión se elevó a matanzas, apresamientos masivos y torturas sistemáticas y aberrantes y se convirtió en un régimen policíaco. El imperialismo norteamericano no es justificador de semejante monstruosidad. Ninguna Revolución dispara contra su pueblo. Si nos hemos detenido en este doloroso eslabón, es porque el daño provocado en nombre de un legado revolucionario, no solo es una afrenta al pueblo de Nicaragua.

Es un daño al prestigio y la moral que el socialismo revolucionario no puede ni debe admitir ni tolerar. Los pueblos deben saber que quienes enarbolamos el ideal enarbolado por el Che no tenemos nada en común con neo-oligarquías ni con la criminalidad política.

Al mismo tiempo todo enfrentamiento al imperialismo, principalmente al imperialismo norteamericano, por mínimo que sea, debe ser concretamente defendido e incorporado al desarrollo general de la lucha; pero sin ningún tipo de cheques en blanco.

AVANCES Y RETROCESOS

* El triunfo en Nicaragua en 1979, fue un gran estímulo para los pueblos centroamericanos.

En El Salvador, las fuerzas revolucionarias concretaron su unificación en el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional y lanzaron su ofensiva revolucionaria en 1980.

En Guatemala, se plasmó la Unidad Nacional Revolucionaria que incrementó sus luchas insurgentes.

Pero la intervención militar norteamericana que estableció su base en Honduras, neutralizó militarmente los avances revolucionarios, sosteniendo a las dictaduras.

La derrota política de la Revolución Sandinista y los sucesos en Europa del Este y la ex Unión Soviética, repercutieron directamente en la situación regional y los movimientos insurgentes fueron forzados a suscribir una paz que evitó las revoluciones.

En Guatemala, no pudo florecer una opción política en las nuevas condiciones.

En El Salvador, el FMLN también “adaptado” a la institucionalidad de post-guerra, alcanzó el gobierno en los 2000, pero en su nuevo derrotero, abandonó a tal punto los ideales y conductas revolucionarias, que devino en un régimen tibiamente reformador y hasta corrupto. Y terminó perdiendo el respaldo electoral del pueblo, siendo desalojado del gobierno.

Allí, como en otros lugares, los fracasos de las corrientes progresistas, generaron desánimos favoreciendo a las derechas.

Nunca nos olvidemos de que el imperialismo juega, y muy duro.

* En Venezuela, el régimen bipartidista socialdemócrata-socialcristiano establecido al amparo de la política norteamericana con el pacto de Punto Fijo a fines de los ‘50, entró en crisis con el Caracazo de 1989, una rebelión popular masacrada por el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez.

Diez años después, emerge una nueva fuerza que triunfa electoralmente, encabezada por Hugo Chávez, un veterano militar y nuevo caudillo político que asume jurando por “la moribunda” Constitución.

* El chavismo surge como ruptura política del pacto del viejo régimen. Sus primeras reformas económicas y constitucionales desencadenan la reacción de Estados Unidos y la burguesía desplazada.

Ocurre el golpe de Estado de 2002 que es derrotado por una inmensa movilización popular.

Chávez liberado tres días después, reasume y con más energía acumulada propone tres años después, un nuevo rumbo denominado “socialismo del siglo XXI”. C

hávez murió en el camino, pero 18 años después, la enunciada revolución quedó contra las cuerdas bajo la enorme presión del imperialismo norteamericano.

Las proclamas socialistas no se correspondieron con el mantenimiento de una economía rentista y dependiente del petróleo.

Se instaló en el manejo de la economía una parasitaria y corrupta clase capitalista criolla (“boliburguesía”) que lejos de propender a la socialización de los medios de producción, descargó la crisis sobre los esquilmados salarios de la clase trabajadora.

La expectativa que el chavismo despertó en todo el Continente al enunciar el socialismo como meta, se trastocó por el entronizamiento de un régimen burocrático de claro predominio militar.

Ni en lo económico ni en lo político Venezuela marcha al socialismo y ésta es la razón de su debilidad ante el riesgo permanente de la invasión imperialista.

A pesar destas claras diferencias políticas, apoyamos toda y cada una de las luchas que el gobierno chavista se ve obligado a hacer en contra del imperialismo norteamericano.

El gobierno de Maduro resiste el acoso norteamericano apoyado en el respaldo económico de China y el militar de Rusia e Irán.

Pero sus políticas económicas esquilman el salario de los trabajadores y siguen favoreciendo a una parasitaria clase capitalista.

El poder comunal y otros embriones de poder de la clase trabajadora a nivel fabril son semillas que podrían gestar aspectos de la Revolución Socialista soñada, siempre y cuando se rompa políticamente con la bolibuguesía y surja un genuino y potente movimiento revolucionario.

* En Brasil, durante la marea contrarrevolucionaria en el Cono Sur y bajo una prolongada dictadura militar, surge en 1980 el Partido de los Trabajadores (PT), liderado por Luiz Inázio Lula da Silva foi fundado inicialmente por medio de una alianza entre el nasciente lulismo en el movimiento sindical y algunos parlamentares del MDB (Movimiento Democrático Brasileño), el partido consentido de la Dictadura Militar.

El PT se fortaleció, desde las fábricas y los sindicatos industriales con un sentido clasista, a partir del auge de las luchas obreras que gestó las fundaciones de la Central Única de Trabajadores (CUT) en 1983, y del Movimiento de Trabajadores sin Tierra (MST).

Un cuarto de siglo después, el PT llegó al gobierno con las reglas impuestas por la institucionalidad vigente, siempre bajo la dependencia del imperialismo norteamericano.

En más de 15 años de gobierno, el PT logró disminuir dramáticamente la pobreza por medio de varios programas asistenciales posibilitados por los altos precios de las materias primas en el mercado mundial.

Pero no modificó la tenencia latifundista de la tierra –a pesar de haber integrado la dirección del MST a su gestión– y dejó intactas las estructuras industriales y financieras, y la dependencia del imperialismo.

Peor aún, adoptó medidas “neoliberales” que había criticado a la clase capitalista y sus partidos de derecha.

Ya en los gobiernos de Fernando Henrique Cardoso, había profundizado su política de adaptación al régimen.

Decenas de miles de dirigentes sindicales fueron comprados principalmente con cargos de jefes; la “reforma agraria” fue paralizada; las direcciones de los movimientos sociales fueron direccionadas a la fiesta de obtener recursos de los ministerios. Según las palabras del propio Lula, nunca los grandes bancos habían ganado tanto dinero como en sus gobiernos.

Debilitado el apoyo de su base popular y sufriendo el impacto de la crisis capitalista mundial, en una maniobra golpista, fue derribada Dilma Rousseff en 2016 sin que el PT movilizase a la clase que le dio amplio respaldo electoral.

El golpismo encarceló a Lula, para impedir que volviera a ser presidente.

En esas condiciones de retroceso y frustración, el fascista Bolsonaro venció las elecciones de 2018.

El fraude ungió un régimen tan reaccionario como las dictaduras del pasado, imponiendo muchos altos oficiales de las Fuerzas Armadas en el mismo, como en la dictadura militar (1964-1985).

El régimen ultraderechista avanzó con fuerza en los ataques en contra del pueblo empobrecido.

Lamentablemente, la orientación de la dirigencia del PT con Lula a la cabeza, actúa como un elemento de estabilización del sistema.

En la actualidad, el PT es manejado por una dirección política de clara y marcada orientación hacia la derecha, que desarrolla una política de contener y no estimular la lucha de la clase trabajadora.

La elección del gobierno Lula/Alckmin en 2022 fue impuesta por los mismos golpistas de siempre para que siguiera aplicando la política que le favorece, principalmente para el imperialismo norteamericano que busca mantener estable su retaguardia mientras aumenta el saque y se va a la guerra como sus soluciones para su crisis.

* En México, cuando el imperialismo norteamericano imponía su nueva modalidad de dominación con la complicidad y el beneficio de las burguesías socias menores bajo la sigla del ALCA, se alzó una renovada fuerza insurgente el 1° de enero de 1994.

Tras muchos años de silenciosa preparación, el zapatismo se constituyó en Ejército de Liberación en Chiapas.

En un cuarto de siglo, esta revolución indígena construyó con sus políticas del “buen gobierno” una zona de autodeterminación que coexiste tranquilamente con el régimen capitalista.

Las Declaraciones de la Selva Lacandona han concertado la simpatía de todos los pueblos originarios del Continente.

Pero aún no ha madurado una alianza política con la clase obrera de las ciudades y la clase campesina del extenso país, que posibilite la generalización de un nuevo poder.

El narcocapitalismo se ha convertido en un factor de poder asociado a las Fuerzas Armadas y los poderes estatales, provocando sucesivas masacres.

Los pueblos de México padecen los efectos de un régimen terrorista bajo fachada institucional democrática.

Las luchas de la clase trabajadora han tenido tramos heroicos, como las de docentes oaxaqueños y de otros lugares. El ascenso de López Obrador despertó algunas expectativas reformadoras, pero sin modificar en lo más mínimo la esencia del capitalismo explotador y dependiente.

* En Argentina 2020, la crisis de la deuda externa (88,8% de su Producto Bruto) estalló por enésima vez.

El ciclo de endeudamiento iniciado por la dictadura (1976-83) fue reciclado y ampliado por todos los gobiernos constitucionales hasta hoy.

Aunque hay sentencia judicial que ordenó hace años al Congreso investigar la deuda, ninguno de esos gobiernos y sus parlamentos lo hizo. Varias veces el país entró en cesación de pagos.

En la década de 1990, el peronismo gobernante con Menem canjeó deuda por privatizaciones en masa, que enajenaron gran parte del patrimonio nacional, incluyendo las riquezas del subsuelo.

La precarización se instauró como política de Estado. Millones de desocupados.

La crisis explotó en 2001 con el siguiente gobierno de la alianza radical-progresista. Moratoria de la deuda de hecho.

Se produjo la rebelión del 19 y 20 de diciembre que derrumbó al gobierno de De la Rúa: ¡Que se vayan todos! fue el grito de multitudes en todo el país durante seis meses hasta la masacre de Avellaneda (asesinato de los piqueteros Kostecki y Santillán) ejecutada por el presidente interino, el peronista Eduardo Duhalde.

Pero la rebelión democrática no tuvo un programa para el día después que se fuesen todos. No floreció una opción revolucionaria. Se quedaron.

El peronismo con Kirchner (2003-07) reconstruyó la institucionalidad destrozada, al tiempo que recomponía la economía con la captura de dólares de la exportación agraria (“retenciones” a la soja y otros productos).

Se renegoció la deuda a partir de 2005. La presidente Cristina Fernández (2007-15) se vanaglorió de ser “pagadora serial”.

La recuperación del empleo y las mejoras salariales conquistadas en ese período por el renacimiento del sindicalismo, fueron paralelos a la continuidad del saqueo, en el período que el progresismo denominó “década ganada”.

El agotamiento de ese ciclo, permitió la emergencia de un liberalismo recalcitrante. Se instaló por primera vez un gobierno de derecha con respaldo electoral.

En los cuatro años del régimen liberal-semipolicial, Macri provocó una caída del 4,1% del PBI y un endeudamiento escandaloso en sociedad con el FMI, para que los multimillonarios fugaran más de 40 mil millones de dólares.

Los desocupados en los números oficiales eran 4 millones y la inflación superó largamente el 50% anual.

En estas condiciones, el regreso del peronismo al gobierno con la fórmula Fernández-Fernández, se dispuso nuevamente a pagar  -en plazos diferidos- la deuda ilegítima, ilegal, inmoral y odiosa.

Y lo hace con el apoyo de las burocracias sindicales y casi todo el Parlamento (oficialismo y derecha), menos la reducida bancada del Frente de Izquierda y los Trabajadores (dos legisladores).

En el país que sigue siendo granero del mundo, donde niñas y niños mueren por desnutrición, el sistema político decide pagarle la deuda fraudulenta a los multimillonarios que la fugaron.

Ahora el imperialismo norteamericano quiere imponernos a sus candidatos en las elecciones del 25 de octubre de 2023, de preferencia a Sergio Massa, para seguir apretándole el cuello a los trabajadores y al pueblo.

* La otra gran secuela política de la dictadura genocida que exterminó una generación y aplastó al movimiento obrero que en la década de los ’70 jaqueó al régimen capitalista, fue la desaparición de la escena política de las fuerzas revolucionarias que enarbolaban programas y consignas socialistas.

Esto explica –no justifica– la escasa influencia de la izquierda revolucionaria, aunque tenga alguna actuación en el sindicalismo clasista, la recuperación de fábricas, los movimientos territoriales y los multitudinarios movimientos feministas.

La escena política la dominan el populismo/progresismo y el liberalismo – en una reproducción del caduco bipartidismo – en el sostenimiento del capitalismo. El desafío para las corrientes antimperialistas y socialistas es superar su dispersión para forjar una fuerza que, emulando a la generación del ’70 que enarboló el ideario del Che, se constituya en una opción en la lucha por un gobierno obrero y popular, recogiendo el legado histórico del cordobazo.

EXPECTATIVAS DEFRAUDADAS

* Durante la época contrarrevolucionaria, desde los años ‘90, emerge un fenómeno en gran parte del Continente, que toma la denominación de “progresismo”, que reúne corrientes diversas que cuestionan la modalidad del capitalismo ultraliberal, flexibilizador y precarizador de las condiciones de vida y de trabajo de las masas trabajadoras.

Este progresismo cuestiona “el modelo”, pero no el sistema. En cada país surge de una manera diferente y adopta distintos matices ideológicos.

Estimulado por el ascenso de Chávez en Venezuela, se instalan los gobiernos del PT en Brasil; regresa en Argentina el peronismo, que del “neoliberalismo” de Menem en los ’90, ahora adopta una modalidad seudodesarrollista con los gobiernos kirchneristas; asumen el Frente Amplio en Uruguay, el Movimiento al Socialismo en Bolivia, la Alianza País en Ecuador, Manuel Zelaya en Honduras, Daniel Ortega en Nicaragua, Fernando Lugo en Paraguay, Mauricio Funes en El Salvador.

Esa convergencia fue lo que se denominó el llamado “ciclo progresista”.

Se realizaron políticas de “redistribución de la riqueza” sin modificar las estructuras capitalistas.

Estas medidas se vieron favorecidas temporalmente, por la inversión de los términos del intercambio históricamente negativos para los países dependientes, que se mantuvo un breve período entre los años 2002 y 2007. Igualmente se apoyó en la creciente presencia económica de China en la región, convertida en nueva gran potencia capitalista del mundo.

* Este “progresismo” se apoderó de los símbolos y del léxico anti imperialista de movimientos revolucionarios y de algunas reivindicaciones sociales históricas de las masas trabajadoras.

La represión y el genocidio desarrollado sobre la generación revolucionaria en las décadas de los ‘70, los  ‘80 y parte de los ‘90, facilitó en gran medida que el “progresismo” copara los espacios vacíos que dejara el exterminio de las fuerzas insurgentes y revolucionarias en el movimiento obrero y popular.

Así, se vaciaron de contenido, símbolos, proclamas y reivindicaciones que eran el acumulado histórico de las corrientes revolucionarias que emergieron en los años ’60. Hasta la misma palabra revolución perdió totalmente su significado.

Este progresismo contemporáneo no tiene siquiera las metas del reformismo del siglo XX y en muchos lugares, desarrolló políticas económicas que son variantes del llamado “neoliberalismo” y se reforzó la concentración monopólica. Peor aún, como hemos señalado, en muchos casos, degeneraron en acciones represivas contra las movilizaciones populares.

* Se realizaron ensayos de nuevas alianzas institucionales regionales, como UNASUR, CELAC y ALBA. Han mantenido conflictos con la política norteamericana, pero al carecer de una genuina perspectiva antimperialista y no remover las bases de la dependencia, no generaron una alternativa al dominio de Estados Unidos.

Esas características del progresismo llevaron al desencanto de las expectativas populares, favoreciendo así el regreso de las derechas más reaccionarias.

En unos casos por mecanismos electorales tradicionales, en otros por maniobras golpistas institucionales, y por fin por medio de asonadas fascistas sangrientas como la ocurrida en Bolivia en 2019.

Este “progresismo” promueve en la mayoría de los casos, asociarse con otras potencias capitalistas en vías de ser imperialistas como es el caso de China, para contribuir a formar lo que han llamado “mundo multipolar”. En realidad se trata de la misma explotación capitalista aplicada por otros métodos distintos a los del imperialismo norteamericano.

NUESTRA AMÉRICA IRREDENTA SIGUE CON SUS VENAS ABIERTAS

* La agudización de la crisis capitalista mundial desde 2008 ha incrementado la lucha de las potencias por el control de los mercados y de los recursos naturales, por las crecientes dificultades del sistema para extraer ganancias.

Junto a la robotización del trabajo, se ensayan nuevas formas como el llamado “biocapitalismo”.

De las “guerras comerciales” se pasa a las acciones bélicas. El gran capital en manos de apenas unos 28 gigantescos pulpos controla unas 30 mil empresas en el mundo.

En la última década, ha caído significativamente la tasa de ganancia de los grandes capitalistas. Esta es la base económica que explica la agresividad imperialista, principalmente la del imperialismo norteamericano que sigue considerando a Nuestra América como su “patio trasero” y que llevó a la guerra en Ucrania como un paso a una guerra de muchas mayores proporciones, donde su enemigo principal es China porque se encuentra en rápido desarrollo en el sentido de convertirse en una potencia imperialista. Pero para esto consolidarse, precisa derrotar militarmente al imperialismo dominante.

Para aumentar el saqueo de recursos y la explotación de las clases trabajadoras, Estados Unidos trata de endurecer los regímenes políticos dependientes, sean de orientación liberal, fascistoide, o una combinación de ambas formas.

La crisis es de tal magnitud que ni siquiera tolera regímenes populistas a los cuales acosa y pretende derribar.

La tendencia mundial a las guerras locales se traduce en nuestra región, en metodologías represivas de guerra civil.

Esta tendencia a la militarización de la política ocurre porque se busca una “salida” a esta crisis, que no pudo conseguir con métodos más o menos pacíficos en la década de 1930 por medio del “keynesianismo”, en la de 1960 por medio del desarrollismo y desde 1990 hasta la actualidad, por medio del llamado “neoliberalismo”.

UN DESPERTAR

* Chile despertó en octubre de 2019. En el país que el “neoliberalismo” contemporáneo ofreció durante décadas como ejemplo de su propio modelo pretendiendo ocultar la esencia de su miseria, el volcán dormido de la conciencia de sus pueblos explotados, eclosionó con su lava ardiente de Rebelión.

El falso oasis de la propaganda liberal que durante mucho tiempo capturó el “sentido común” quedó al desnudo.

Gran parte del pueblo oprimido y explotado se levantó y utilizando diversos medios, pasó por encima de las leyes y disposiciones del sistema.

Hubo una insubordinación civil, tal como se expresó claramente en la evasión del sistema de pagos del Metro de Santiago protagonizada por estudiantes secundarios y que fue el inicio de la Rebelión. No fue una insurrección porque no se planteó asaltar el poder. Pero sí cuestionarlo, constituyendo una rebelión democrática que se alzó contra la “democracia” hija del  pinochetismo, clamando por acabar el régimen institucional y reclamando una nueva Constitución.

Desde Antofagasta hasta Punta Arena, las manifestaciones introdujeron nuevas formas de luchas callejeras con un heroísmo asombroso ante la barbarie represiva, que ya dejó una huella de cómo enfrentar la fuerza militar-policial, sostén último del sistema.

Jóvenes de la Primera Línea desplegaron tácticas de combate con una logística de masas demostrando la audacia y el ingenio popular.

La democracia asamblearia gestó el clamor por una Asamblea Constituyente Soberana y así sembró una semilla revolucionaria.

Los partidos del régimen, desde la derecha fascista hasta el centrismo progresista, que gobernaron alternativamente durante más de tres décadas dejando intacto el sistema económico y político heredado del pinochetismo, se abroquelaron.

El gobierno y la oposición tolerada gestaron la trampa política, intentando desviar la energía de un movimiento de masas inédito, pero todavía sin madurar en un programa y una dirección colectiva revolucionarias.

El gobierno derechista transó con la oposición progresista y ésta introdujo una cuña en los movimientos sociales, por medio de conducciones burocráticas.

Al iniciarse 2020, estas disyuntivas entre la trampa y la opción independiente respecto del sistema, no estaban resueltas. La aparición de la pandemia detuvo momentáneamente la masividad de las movilizaciones.

Pero la Rebelión chilena ya abrió una nueva época en el país y en la región y es el estímulo que nos impulsa a actuar para construir esta nueva plataforma revolucionaria continental.

El intento de cerrar la Revuelta Popular con el gobierno Boric entró en crisis y este gobierno cayó en los brazos de la derecha provocando una crisis institucional importante.

* La erupción volcánica de la rebelión chilena tuvo un temblor que la preanunció. En la misma cordillera de Los Andes, pero en el Ecuador, otra rebelión motorizada desde las montañas por los movimientos indígenas a las que se fue sumando la clase trabajadora de otras regiones y el estudiantado autoconvocado sacudió al régimen que respondió a sangre y fuego.

La crisis la desató el gobierno de Moreno al intentar aplicar las medidas impuestas por el Fondo Monetario, quitando los subsidios a los combustibles en un país petrolero.

La toma de carreteras y de Quito por las masivas columnas organizadas de indígenas, pusieron en fuga al presidente que se refugió en Guayaquil.

Dos semanas de paros de transportes, huelga de petroleros del Amazonas, de maestros de todas las ciudades y de luchas callejeras. Fueron jornadas intensas, duras, heroicas.

El régimen liberal que destiló odio racista y de clase contra las masas movilizadas, tuvo que retroceder en el decreto, pero el presidente no fue derribado.

Curiosamente, este gobierno ultraliberal proviene de la misma fuerza política del anterior encabezado por Correa, que había prometido una Revolución Ciudadana.

Los años de gobierno progresista no rompieron la dependencia del país ni recuperaron su moneda propia.

La posibilidad de una nueva irrupción popular está latente, siempre y cuando maduren condiciones que permitan emerger direcciones de los movimientos de masas no burocráticas y que enfrenten en forma decidida al sistema y no pacten ni negocien los intereses de las clases explotadas y populares.

El gobierno Lasso entró en crisis y por eso adelantó las elecciones, que las manipuló de manera muy descarada para evitar el desplome generalizado de la derecha, al mismo tiempo que le puso un chaleco de fuerza a la Revolución Ciudadana.

* Y cuando la rebelión chilena persistía, su energía se extendió a la sufrida Colombia, donde masivas manifestaciones populares desafiaron al régimen fascistoide de Duque.

Los acuerdos de paz que desmovilizaron a las otrora insurgentes FARC, no trajeron paz ni ninguna de las promesas de reformas agrarias y democratización política.

Cientos de combatientes desmovilizados están siendo asesinados, lo mismo que una cantidad impresionante de líderes y activistas sociales.

Fuerzas Armadas y paramilitares siguen sosteniendo este régimen narcocapitalista, en un país ocupado por nueve bases militares norteamericanas, plataforma para agredir a Venezuela y a toda la región, al mismo tiempo que los Estados Unidos mantienen el control del tráfico de la cocaína.

Son muchas las experiencias del último medio siglo de supuestos pactos de paz en los que siempre, siempre, perdieron las fuerzas insurgentes y el régimen liberal-conservador concluyó incrementando la represión a los movimientos obreros y campesinos y jamás se abrió un proceso democratizador.

Colombia es estratégica para el imperialismo por su control de los dos océanos, por sus riquezas petroleras, por su frontera con Venezuela.

En Colombia, aún está latente a pesar de los pactos y las claudicaciones, el espíritu de la rebelión y las condiciones para una profundización de la crisis y de una respuesta popular que inaugure un nuevo periodo de lucha y resistencia ante el narco-Estado colombiano.

Gustavo Petro  venció las elecciones en el contexto de una enorme desestabilización social. Hizo algunos pequeños cambios, pero las estructuras del estado narcoparamilitar siguen intactas.

* Simultáneamente a las rebeliones chilena y ecuatoriana, en el país donde más se avanzó en conquistas del ciclo progresista, la Bolivia devenida por primera vez en su historia en Estado Plurinacional, una asonada típicamente fascista provocó un sangriento golpe militar-policial para derribar a Evo Morales, el primer presidente indígena.

En casi tres lustros de gobierno del Movimiento al Socialismo, se redujo significativamente la pobreza, se nacionalizaron los hidrocarburos, se elevó el nivel de vida de grandes masas de trabajadores.

La igualdad racial institucionalizada no logró erradicar el racismo.

La burguesía – sobre todo la del oriente del país – quedó intacta en sus posesiones económicas y fue el motor de la asonada fascista. No solo retuvo su poderío económico, sino su dominio sobre las Fuerzas Armadas y la policía, herramientas fundamentales del golpe.

La Revolución Democrática y Cultural llevada adelante por Evo y el MAS puso dramáticamente de relieve la utopía reformadora sin alterar las bases del sistema. Importantes sectores del MAS actuaron de una forma tal que facilitaron el golpismo, desmovilizando a las masas.

Ahora el ex ministro “neoliberal” de la economía de Evo Morales, Luis Arce, rompió con Evo y ambos pasaron a disputar las elecciones de 2025, con el movimiento de masas a la expectativa.

PLATAFORMA CONTINENTAL PARA UNA NUEVA ERA

* En su época, el Che planteaba así los desafíos a enfrentar: “…con nuevas circunstancias que nos presentan nuevas tareas que desconocíamos antes y que hoy tenemos que encontrarles solución, porque están allí presentes, atravesadas en el camino que nos lleva a una verdadera revolución proletaria”.

Un legado vigente en las nuevas condiciones que afrontamos. Hoy día, el capitalismo ha desarrollado sus contradicciones en tal grado que se hace necesario resolverlas por medio de una reorganización de la economía y un cambio de los sistemas políticos.

La internacionalización del capital – ahora llamada “globalización” – y las gigantescas empresas chocan fuertemente con las fronteras nacionales. La propiedad privada de los medios de producción no es un motor de desarrollo como pregona el liberalismo, sino una traba.

El sistema lleva en sus entrañas las semillas de una nueva sociedad. Así como el capitalismo se engendró en el seno del feudalismo hace 500 años, hoy existen formas y experiencias embrionarias colectivistas en empresas recuperadas autogestionadas y áreas rurales de autogobierno de pueblos originarios.

Contra las falacias de los mitos liberales del “fin del trabajo” y del “fin de la historia”, proclamamos la vigencia del protagonismo de las clases trabajadoras del Continente.

En la difícil transición revolucionaria que proponemos debe practicarse el principio de cada cual según su capacidad, a cada cual según su trabajo.

* La importancia histórica del Socialismo Científico, y de las experiencias de revolucionarios de la altura del Che, aparece más clara hoy en medio a una de las peores crisis del capitalismo y que todavía está lejos de cerrarse.

La tarea princpal en el presente período pasa por impulsar la Revolución Continental como componente fundamental de la Revolución Mundial y la destrucción del capitalismo en sus centros. Después de la destrucción de las organizaciones de masas y de la izquierda revolucionaria como o componente político central de la llamada ofensiva “neoliberal”, el desafío es impulsar el movimiento revolucionario a partir de las bases del movimiento de masas. El ejemplo de las varias revueltas y revoluciones populares, como la que hoy sucede en Perú son muy importantes para extraer lecciones.

Hoy tenemos, bajo el calor de la mayor crisis capitalista mundial de todos los tiempos, las mayores huelgas y protestas en Europa y los Estados Unidos, que representa el corazón del capitalismo mundial.

* En este momento, no existen las condiciones subjetivas para formar fuertes partidos revolucionarios como los que existieron en la década de 1970 por ejemplo; un partido obrero revolucionario continental como uno de los pilares para construir un partido obrero revolucionario mundial. Tenemos la obligación de avanzar para crear esas bases subjetivas.

* Una vez que los revolucionarios háyamos cumplido esa tarea, habremos cumplido una parte central de nuestra labor. Habremos contribuído a poner las bases para la creación de una vanguardia revolucionária de nuevo tipo. Aún no podemos determinar como ella será, inclusive porque deverá ser conformada como el estado mayor de la nueva onda del movimiento de masas y obrero que está empezando a aparecer.

* Levantamos las banderas del internacionalismo proletario y de la Revolución Continental y Mundial, como lo hizo el Che. De la Moral revolucionaria, del Hombre Nuevo y del odio mortal contra el régimen de explotación. Tenemos el deber de asimilar profundamente el marxismo o socialismo científico como método, el Materialismo Dialéctico puesto en pie por Karl Marx como el guía para la acción revolucionaria. Al mismo tiempo en que debemos aprender con la experiencia de las luchas revolucionarias de los pueblos, debemos despojarnos de las recetas prontas.

LA REVOLUCIÓN ES UNA NECESIDAD URGENTE

* La Revolución Continental por venir y que nosotros impulsamos, se basa en las necesidades sociales, políticas, económicas y culturales de las clases trabajadoras.

La idea central, la recuperamos del pensamiento legado por el Che: Revolución Socialista o caricatura de revolución. Reafirmamos esta idea, porque las revoluciones fueron la excepción y las caricaturas, muchas.

Debemos combatir la idea falsa que el socialismo fracasó.

Este es el eje de la propaganda burguesa para construir un “sentido común” acerca de la supuesta inevitabilidad de seguir viviendo bajo el capitalismo y de la supremacía de este sistema.

Las que fracasaron fueron precisamente las caricaturas llevadas adelante por gobiernos de corrientes autoproclamadas progresistas, algunas de las cuales invocaron el nombre del socialismo.

El llamado “ciclo progresista” no modificó la estructura capitalista ni rompió la dependencia del imperialismo en ninguno de los países.

Es el reformismo y el progresismo capitalista quien fracasó y no el socialismo.

El largo y difícil camino de la revolución socialista, obrera, campesina y popular recién comienza y se abre paso en la historia en un parto difícil, pero urgente y necesario como nunca antes en la historia de nuestro continente.

Y es difícil, porque –como señalara el Che– la construcción socialista requiere cultivar la conciencia. ¡Ese es nuestro desafío!

* La clase obrera, con una acertada conducción política puede y debe extender su brazo fraterno para forjar alianza con otras clases oprimidas por el capitalismo.

Los millones de desocupados son parte misma de la clase trabajadora. Las clases campesinas son mayoritarias en varios de nuestros países y ocupan también un papel fundamental en la economía como productoras de los frutos de la Tierra.

No puede haber una Revolución si la clase campesina o los demás sectors oprimidos no la protagonizan junto a la clase obrera.

* El socialismo representa la superación histórica del modo de producción capitalista, inclusive en la productividad per cápita. Es la “expropiación” del puñado de capitalistas que controla o mundo y cada país. Es la planificación de la producción basada en lo más desarrolado de la tecnología. Se trata de un proceso histórico desigual, pero combinado. La revolución socialista hasta este momento sólo triunfó en países muy atrasados y por esa razón, nunca pudo superar las leyes fundamentales del capitalismo, en primer lugar la Ley del Valor.

* La base y composición social de la Revolución es necesariamente obrera, campesina y popular. El desarrollo tan desigual en Nuestra América determina que la clase obrera tiene un peso muy diferente según cada país.

El capitalismo que se reconvierte permanentemente para superar sus crisis, con su revolución informática y robótica, tiende a reemplazar a escala masiva la mano de obra con la introducción de las nuevas tecnologías informatizadas.

Pero independientemente de la magnitud numérica de nuestra clase, el sentido socialista lo marca el interés histórico del proletariado, su papel central en la economía y su potencial capacidad para transformar la sociedad.

En todo el continente son cientos de millones de trabajadores y pobres que laboran en muy diferentes ámbitos económicos y son explotados por el gran capital en alianza con las burguesías autóctonas y eso no se ha modificado, muy por el contrario se ha profundizado aún más que antes.

* El sistema económico tiene dos grandes componentes: la explotación de mano de obra y el saqueo de recursos naturales. La explotación es la causa de la miseria y la precarización de la vida a grandes masas trabajadoras.

La desocupación masiva es permanente y crece incesantemente. El analfabetismo alcanza cifras alarmantes y el acceso a la educación es cada vez más difícil para grandes masas.

El hambre azota en muchas regiones en un continente de inmensos recursos alimentarios. Las endemias proliferan. Brotes epidémicos de enfermedades prevenibles por vacunas diezman grandes sectores de población.

Los servicios de salud pública están desabastecidos y la atención médica privada es inaccesible a las mayorías.

El saqueo provoca daños irreparables a la naturaleza poniendo en riesgo nuestra existencia. Las riquezas de la Tierra y el subsuelo son extraídas en forma irracional para engrosar la acumulación del capital. Campos rociados con agrotóxicos arruinan los suelos, envenenan a pobladores rurales y trabajadores.

Lo mismo ocurre en minas y pozos petroleros. Contaminando el agua y los alimentos, el veneno llega a los habitantes de las ciudades. Grandes urbes padecen la polución ambiental. Desforestación irracional. Glaciares que se derriten. Genocidio sin bombas y ecocidio que, además, provoca el desastre climático. Las revoluciones son una necesidad urgente para salvar nuestro continente y también el planeta y a toda la humanidad.

* Las leyes del capitalismo descubiertas de manera sistemática por Karl Marx y Federico Engels, y plasmadas en la obra cumbre del marxismo El Capital, están más actuantes que nunca en todo lo fundamental. La búsqueda por las ganancias a cualquier costo por meio de la extracción de la plusvalía (la parte del tiempo de trabajo que los capitalistas no le pagan a los trabajadores), el aumento de la composición orgánica del capital (reducción del uso de la mano de obra en relación a los demás componentes de las mercancías), las crescientes dificultades para viabilizar los ritmos de rotación del capital, el cresciente e inevitable aumento de la concentración de la riqueza y de la pobreza, el aumento de la llamada Renta Diferencial II (la productividad industrial de la tierra) entre otras, se ven cada vez más tensionadas por el proprio desarrollo del capitalismo. El Planeta funciona de manera cada vez más global lo que tensiona los estados nacionales y la apropriación privada de la riqueza social. Ese fenómeno fortalece la base material del verdadero socialismo que tiene en su base la repartición social de la riqueza y que sólo puede suceder en escala mundial, apuñalando el corazón del capitalismo mundial. Los intentos de revertir el desarrollo histórico, como por ejemplo impedir la llamada “globalización”, sólo tensionan más y más las leyes del capitalismo.

* Las leyes de funcionamiento del capitalismo sufrieron algunos cambios no estructurales, pues el capitalismo como modo de producción sigue siendo el mismo, de la misma manera que una persona es la misma cuando niño, adulto o anciano.  Vladimir Ilich Lenin y otros marxistas entendieron, explicaron y desarrollaron la política sobre estos cambios. Otros transformaron la teoría en dogmas o lo vilapidaran miserablemente.

* Los pueblos originarios sufren una opresión ancestral desde la invasión colonial hace más de cinco siglos. Son pueblos trabajadores de la Tierra y poseen una cultura milenaria.

Millones de indígenas han sido forzados a la proletarización para escapar de la miseria y por el despojo a sus comunidades.

El capitalismo moderno mantiene esa opresión y ha intentado su exterminio. ¡Tienen derecho a su autodeterminación!

La clase obrera también le extiende su brazo solidario y pone sus fuerzas para forjar la alianza por la revolución social que les permita su propia emancipación.

* Las comunidades descendientes de los esclavos africanos secuestrados por los colonialistas, están integradas mayoritariamente por trabajadores y de su seno han florecido artistas e intelectuales. Son víctimas del racismo y la opresión.

Los pueblos negros son parte de nuestra Revolución emancipadora al compás del tamboril.

* En nuestras sociedades, el capitalismo ha generado una masa inmensa de asalariados no proletarios en los servicios de salud, educación, informática, administraciones públicas y muchos más rubros.

Docentes, profesionales, científicos, intelectuales y artistas, periodistas, empleados públicos y privados, técnicos de todos los oficios, conforman los sectores medios que tienen en común con la clase proletaria, la condición de vivir de su trabajo.

La clase obrera no solo debe apoyar sus propias reivindicaciones, sino ofrecerles una perspectiva de realización.

Existen asimismo numerosos pequeños propietarios de talleres y comercios a quienes el capitalismo no les permite más que la sobrevivencia.

Toda esta inmensa masa social que conforma la heterogénea pequeño-burguesía de las ciudades debe ser ganada y sumada por la clase obrera con una política revolucionaria.

* La alianza obrera, campesina y popular debe ser forjada como una poderosa fuerza que sea la base social de la Revolución contemporánea.

Esta alianza debe ser uno de los ejes de la estrategia necesaria de la clase proletaria para su lucha por el poder político, que haga surgir una nueva forma de organización económica y social que dé al traste con el sistema capitalista.

La tarea de esta alianza es alumbrar un nuevo sistema social, económico, político y cultural.

No se logra nada con acceder al gobierno, si éste no modifica la organización económica y social del conjunto de la sociedad y termina con la explotación de los seres humanos y la destrucción indiscriminada de la naturaleza.

ESTRATEGIAS PARA UNA REVOLUCIÓN CONTINENTAL

* La estrategia de la Revolución Continental la concebimos como un proceso y objetivos comunes. Por todas las razones expuestas, la lucha revolucionaria en Nuestra América Abya Yala tiene un profundo carácter internacionalista.

En esta etapa de la “globalización” del capitalismo, es imprescindible levantar el internacionalismo revolucionario con las clases explotadas y oprimidas de todo el mundo.

Pero las formas de lucha, los ritmos de los procesos en cada país, están condicionados por las situaciones nacionales.

Uno de los objetivos es gestar formas de poderes populares conformados por los movimientos de masas de las clases explotadas y oprimidas, en la perspectiva de constituirse en organismos que disputen el poder a las clases dominantes.

Con esta estrategia común, las organizaciones revolucionarias debemos desarrollarnos, nutrirnos y crecer a imagen y semejanza de las clases trabajadoras de cada país, enraizarnos en sus tradiciones históricas.

Debemos confluir hacia una plataforma continental donde se expresen los elementos comunes más generales, pero respetando todas y cada una de nuestras particularidades como países y subregiones.

La unidad revolucionaria continental en las diversas y complementarias tácticas y estrategias, es una necesidad actual y de futuro, y es uno de nuestros objetivos.

COMPROMISOS REVOLUCIONARIOS

* Desde la militancia revolucionaria, es donde la herencia del Che,  de los demás revolucionarios, queda relevante, con el compromiso de mantener la lucha por la conquista del poder político de las clases trabajadoras y por la construcción del socialismo que no debe ser como copia ni calco, sino como creación heroica a partir de la socialización de los medios de producción.

Debemos aprender de las ricas experiencias de las revoluciones triunfantes y principalmente de las revoluciones derrotadas, y superar sus errores.

Partimos de las enseñanzas históricas ocurridas en distintas épocas sin olvidar que toda construcción social atraviesa períodos de retrocesos, degradaciones y hasta traiciones, razón que nos lleva a reafirmar que seremos ¡implacables en el combate y generosos en la victoria! 

El respeto a la condición humana debe ser inclaudicable, porque luchamos por la redención social, contra la explotación y la enajenación del ser humano, de las clases trabajadoras y del pueblo todo.

Debemos buscar actualizar la teoría socialista como planteó el Che –no sustituirla ni degradarla– y contrastarla con nuestra práctica para enfrentar así nuevos desafíos.

El respeto y la igualdad entre géneros debe ser una conducta permanente, porque luchamos para construir una nueva sociedad igualitaria, donde el machismo, el patriarcado y otras lacras del capitalismo deben ser erradicados. La Revolución Socialista será feminista porque la base material del patriarcado es el capitalismo.

El legítimo y necesario uso de la fuerza contra los regímenes opresores y sus fuerzas represivas, es inadmisible contra las opiniones discrepantes o para dirimir debates ideológico-políticos. La lucha ideológica es crítica, autocrítica y debate de ideas. La calumnia y la persecución son inadmisibles.

Luchamos contra los privilegios y no admitimos prebendas ni corrupciones.

El burocratismo debe ser combatido y erradicado de los organismos en lucha y en la gestión de gobiernos y estados revolucionarios. Somos colectivistas y no admitimos el caudillismo ni el personalismo.

El legado del Che en toda su dimensión: “El socialismo económico sin la moral comunista no me interesa. Luchamos contra la miseria, pero al mismo tiempo luchamos contra la alienación”.

Estos preceptos basados en el ideal socialista debemos cultivarlos en nuestra militancia para educar y formar nuevas generaciones constructoras de esa nueva sociedad.

Son principios que deben ser intransigentes para las organizaciones en lucha y para el ejercicio del poder.

NUESTRA CONVOCATORIA

Los ideales del Che actualizados alrededor de estas ideas, pone este documento como reflexión al debate a todas las fuerzas revolucionarias continentales, a todas las organizaciones compañeras y personas que desarrollan su activismo en los movimientos obreros, campesinos, de pueblos originarios, feministas, defensores de la naturaleza, defensores de los derechos humanos, a todas y todos quienes sientan la urgencia de luchar por una vida mejor para el conjunto de la Humanidad.

Aquí están ideas y propuestas necesarias, pero seguramente no están todas las ideas ni tenemos todas las respuestas.

Compartiendo y extendiendo el debate con toda la militancia, proponemos desarrollar la lucha ideológica y política, sumar todas y cada una de las opiniones de quienes aporten sus experiencias, sus críticas y contribuciones desde los más diferentes terrenos.

El objetivo es sistematizar y ampliar el pensamiento socialista. Con estas convicciones es que convocamos a esta construcción colectiva.

Conscientes de la persistencia de la dispersión de las corrientes y movimientos revolucionarios, nuestra aspiración es sentar las bases de una plataforma común antimperialista y socialista para enfrentar políticamente a las burguesías y al imperialismo.

El presente nos sitúa en un terreno de incremento de las luchas de clases y el futuro inmediato requiere multiplicar fuerzas.

Tenemos una deuda histórica: la unificación de las fuerzas revolucionarias, para construir un frente continental de la Revolución Socialista. Compartimos este desafío en la conciencia de que así podremos abrir la huella de una nueva época histórica.